Un nuevo país en paz va surgiendo

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Mis amigos noruegos están en shock, mis profesores y los colegas del mundo de la academia en Oslo están en shock, muchos de mis amigos en Colombia y colombianos alrededor del mundo están en shock. Ayer ganó el NO.

Hace cuatro años en Oslo el parche de amigos y amigas que nos juntábamos en mi casa para discutir de cine y literatura decidimos organizarnos y empezar una campaña incansable de apoyo al naciente proceso de paz. Corrimos maratones, visitamos cuanta radio y periódicos fue posible, hoy tenemos una cooperación estrecha con muchas organizaciones sociales, con la cancillería noruega, fuimos tres veces a La Habana a hablar con las partes en negociación, escribimos un libro, en fin, nos hemos ganado un lugar en la sociedad noruega como defensores y promotores de la paz en Colombia.

Ayer asistíamos a nuestra graduación. Logramos llegar a una cúspide muy alta en el camino de la paz, como esas que sube Nairo Quintana en su bicicleta. Estábamos coronando la montaña y todo apuntaba a que cruzaríamos de primeros, nuestras piernas respondían bien, tanto que bailamos sin parar desde las 13:00 hasta las 23:00 cuando nos sentamos a escuchar los resultados del plebiscito. Nuestros pulmones estaban pletóricos de oxígeno, nadie paró de hablar, de gritar vivías a la paz. Las energías estaban a punto, desde el minuto 1 todo fueron abrazos. Las canciones e intervenciones musicales se mezclaban con las opiniones de todos en el micrófono, escuchábamos historias familiares, historias de vida, reclamos de los jóvenes científicos contra COLFUTURO y sus fraudes, se habló de todo. Creo, sin temor a exagerar, que entre la gente que estuvo saliendo y entrando fuimos unos 200 asistentes. Record histórico en cualquier concentración por la paz de Colombia en Noruega.

Hace cuatro años éramos solo unos pocos locos que soñábamos con una acuerdo final entre Santos y las FARC, con que los colombianos entendieran la necesidad de transformar profundamente el campo colombiano, con la necesidad de reconocer al conjunto de las víctimas y desenmascarar a los victimarios, con que la guerrilla avanzará hacia posiciones y discursos contemporáneos, con que el Estado se hiciera responsable de sus crímenes y las élites tradicionales se movieran hacia posturas democráticas. Pues todo eso se logró en solo cuatro años!!

Esta campaña del plebiscito fue una explosión de acción social, en 5 semanas los jóvenes se tomaron las calles, la política dejo de ser algo oscuro y aburrido, se sintió en carne propia, se hizo con el corazón. Los mensajes de paz, reconciliación y democracia inundaron las redes sociales, el entendimiento de la guerra como respuesta a la injusticia se impuso, una generación completa de colombianos y colombianas se ilusionó con el cambio. Los que hemos insistido en las utopias dejamos de ser locos soñadores, el cambio se sentía a la vuelta de la esquina. Estábamos a punto de tomar el cielo por asalto, en solo cinco semanas.

La élite más conservadora, ligada al paramilitarismo y al narcotráfico, los que tienen familiares extraditados o presos, sus amigos fugados de la justicia, los primos de Pablo Escobar que hacen política, los que lanzan a la hoguera los libros de García Márquez y prefieren la misa en latín, ese poder tenebroso tembló. Estaban a punto de perder 2oo años de su dominio de guerra e injusticia, en solo cinco semanas.

Nadie en Colombia, ni Uribe en sus mejores sueños, se esperaba el resultado de ayer, pero la política no es sólo el ejercicio de votar, es mucho más. Lo que ha pasado en Colombia se puede resumir en pocas palabras: SE DESATÓ LA POLITICA. En las casas, en los buses, en el estadio, en la oficina, en la fila de espera del banco, en las escuelas, en los ascensores, en todas partes, todos opinaban. En el exterior, más liberados de las histerias mediáticas, nosotros redoblamos esfuerzos y no hubo tregua en las redes sociales. Un amigo que aterrizó el sábado en Oslo desde Colombia lo dijo todo: "el país está revolcado!"

Para los que estamos en este cuento de exigir la solución dialogada de la guerra desde que tenemos conciencia política esto era una fiesta! Hace 15 años daba miedo hablar del tema, defendimos los diálogos de El Cagüán en las calles, sabíamos que se vendrían muchos muertos, muchas atrocidades, si esos diálogos se caían. Teníamos razón, a este periodo de guerra que se desató luego de El Cagüán le debemos más de la mitad de las víctimas desde 1986! Pero nadie nos hacia caso, éramos una minoría. Para actuar en política teníamos que buscar militantes dispuestos a sacrificarlo todo, a acudir a las citas semiclandestinas en los salones desocupados de alguna facultad, a arriesgar la vida en una manifestación, a pedir la palabra en una asamblea y ser abucheado, a visitar un municipio mirando siempre por las ventanillas de los carros para intentar adivinar si el ejército o los paras estaban esperando en el camino. Hablar de las razones políticas y sociales de la guerra era ser guerrillero. No estábamos de moda y nos fueron matando los amigos, nos desplazaron, nos exiliaron, nos encarcelaron, nos echaron de escuelas y universidades, la policía nos vigilaba y fundaron el ESMAD para tratar de callarnos a garrote. Aún así no lo lograron. Con todos esos sobrevivientes de la batalla por la paz me encontré en el 2012 y desde ese momento se nos fueron sumando más y más personas. Ayer nos medimos en las urnas contra lo más conservador del país, era una lucha del futuro contra el pasado, y dejamos de ser una minoría de terroristas y desadaptados, hoy somos el 50% del país que vota, del país que decide!!

La campaña del NO no fue una campaña con argumentos sobre los acuerdos, fue una campaña dirigida desde la caverna más atrasada del país que apeló a los miedos y prejuicios del ciudadano del común. Esos argumentos son una mezcla de posiciones en contra de la legalización del aborto, de odio a la diversidad sexual, piensan que la adopción gay es el inicio del fin del mundo, la defensa del medio ambiente la entienden como otro tipo más de fundamentalismo o la prolongación del discurso de lucha de clases. Llegan incluso a justificar el huracán de ayer 2 de octubre como una señal clara de que el presidente Santos y Timochenko son el anticristo, en su mundo se ve en la libre expresión de los jóvenes el camino hacia Sodoma, la libertad en cualquiera de sus expresiones solo lleva a la perdición. Con esos argumentos llegaron a las dudas honestas de muchos colombianos, combinados todos son el 50% del país, ellos votaron por el pasado.

La campaña del SÍ fue por su parte una explosión de colores, alegría, espontaneidad y esperanza. De las generaciones decepcionadas de la política saltamos en 5 semanas a más de 100 grupos ciudadanos inscritos como campañas oficiales por el SÍ, contra 14 del NO. El país moderno se hizo sentir, las redes sociales explotaron en mensajes de paz y reconciliación, las canciones se descolgaban de las copas de losa arboles, los símbolos e imágenes de paz empezaban a ser una venda sobre la piel rota de la República. Ahí estamos, combinados todos somos el 50% del país, nosotros representamos el futuro.

La campaña del plebiscito fue una primavera de las ideas y la alegría, entiendo las lágrimas y la frustración de todos los que cargados de ilusión se sumaron al SÍ, pero los que tenemos un poco más de experiencia podemos asegurar que esto es un triunfo enorme, mis lagrimas esta mañana fueron de alegría. El país que no discutía sino que mataba a los que hablan de paz empieza a desaparecer, el país del que tuve que salir exiliado deja de existir, se ha conformado una amplia unidad de todos los que desde diferentes puntos del espectro político y no político estamos por una país justo y democrático, por una sociedad moderna sin guerra. Quisimos en 5 semanas echar abajo al pasado, nos sentimos cerca, alcanzamos a sentir que amaneceríamos en un país lavado de las culpas de la guerra, la realidad nos golpeo en la cara, pero no somos nosotros los derrotados.

Los derrotados son los señores de la guerra! Ayer el discurso de su máximo líder, el que se hizo famoso por prometer guerra y triunfos militares sobre la sensatez, no fue un discurso de triunfo. Hemos ganado, aún el más firme representante de la muerte no ha convocado a la guerra, sabe que la comunidad internacional no lo acompañará más en aventuras militaristas, sabe que el ejército Colombiano ya no es una pandilla al servicio de los terratenientes, le rogó a las FARC que mantuvieran su cese de fuegos y pidió que fueran protegidas, le pidió al gobierno un lugar en la mesa diálogo y le exigió que no se levantara de la mesa, le propuso al país un gran pacto nacional por la paz. Ya sabemos el tipo de paz que ellos proponen, pero lo cierto es que los representantes de la guerra ayer tuvieron que llamar a la paz, entendieron que el país se ha transformado. Con este país que empieza a surgir hoy ellos no podrán volver hacer la guerra. Vamos en el 50% y hemos impuesto el discurso de la paz aún a aquellos que más lo odian.

La tuvimos cerca, se abrió una pequeña grieta en la historia política del país por la que podíamos salir en tumulto y abandonar la Colombia del pasado y emprender camino hacia el futuro. Quisimos que el nuevo consenso quedara muy alto, quizá demasiado para que la gran mayoría de nuestra gente lo comprendiera. Habrá que moderar las expectativas, pero es el gran movimiento social por la paz y una Colombia justa y democrática, moderna, el que ha ido en asenso en estos cuatro años. Ese es el futuro de Colombia, la élite conservadora, que ayer no esperaba ganar el plebiscito, no tiene otra cosa que ofrecer más que pasado, por eso, más temprano que tarde, el tren de la historia los dejará aparcados en alguna estación del olvido.

Acerca del autor. Diego Marin, estudiante de Maestría en Historia en la Universidad de Oslo. Se desempeña como investigador en NorLARNet, La Red Noruega de Investigación sobre América Latina.

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