Crónicas de viajes desde Chile: Volver a los 32

Escrito por Jorge Romero
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Desde Chile, desde Bulnes, cuando al atardecer comienza a refrescar y luego de tomar once con pan francés, queso de chanco y pebre cuchareado, escribo esta primera crónica para Radio Latin-Amerika de Oslo, parafraseando en el título a nuestra incomparable Violeta, porque vuelvo a la edad que tenía cuando hube de emprender la odisea del exilio.

Salí de mi casa en la isla de Nesodden a la una de la tarde del día 22 de febrero, pisando cauteloso la nieve, con 6 grados bajo cero, para embarcarme hacia Aker Brygge en Oslo, con el corazón palpitando fuerte en el pecho y las sienes ante el espectáculo y las sorpresas que me ofrecía el viaje inminente.

Durante el trayecto Oslo-Gardermoen, Silvana, la niña de mis ojos, le puso ambiente al auto conducido por Irene y escuché arrebolado, con una emoción creciente, la voz suave y tyierna que me decía: "Volver a los 17, después de vivir un siglo, es como descifrar signos, sin ser sabio competente..."

Y entonces me achico, me encojo y me disminuyo en el asiento trasero para esconder una lágrima furtiva imposible de reprimir. Les confieso que no lo habría pensado siquiera: que a pesar de despotricar a veces contra nuestro país, de cuestionar actitudes, culpas, malos gobiernos y corruptelas imperdonables; se impone sobretodo, invencible, el olor a cebolla y albahaca que ya nos llega, junto al sabor del borgoña y el pisco, arropado todo por la Cordillera de Los Andes y la Cordillera de La Costa, en un país que sufriente por los terremotos, los sunamis y las llamas que lo ahogan ahora mismo, sigue siendo mi país.

La realidad que impresiona a muchos chilenos que retornan a su país: Los cambios son enormes. Imágen de Santiago captada desde el Cerro San Cristóbal. Foto Radio Latin-Amerika.

El viaje Oslo-París-Santiago-Bulnes se cumplió sin contratiempos y ahora me apropio, me bebo, me inundo de los gestos, las palabras, los dichos y los movimientos de mi gente: -Taxi señor... desea taxi caballero-. -Pastelitos le tengo mi amor..., fruta fresquita para el viaje le tengo... -Charqui, al rico charqui, molido o enterito como lo prefiera...-.

Qué dulzura, qué armonía, qué colores, qué candidez y pillería juntas con esa picardía innata. Y yo aquí en medio de los míos, impregnado de la patria que sufre, que puja, que llora, ríe y canta su realidad innegable. He vuelto a los 32 de los 80, a los sueños de entonces, a los temores de entonces, a la inseguridad y el sufrimiento de la partida.

Todo se borra y se desvanece cuando al descender del bus abrazo a mi hermana Nuvia en la Plaza de Armas de Bulnes. A partir de ahí, todo será buenaventura, sosiego, felicidad filial; porque no quiero ver lo malo, o por lo menos no me dejaré influenciar por lo negativo, porque me quiero apropiar en toda su magnitud de las bondades que se me ofrecen.

La Virgen a lo alto del Cerro San Cristóbal en Santiago. Foto: Radio Latin-Amerika

Hemos cruzado hoy crepusculando ya, en diagonal, la plaza donde sombrean y se refrescan, jubilosas familias con sus hijos que remojan sus piecitos en la pileta luminosa. La hermosa plaza de Bulnes, con sus inmensos árboles centenarios, merece estar en todos los calendarios que testifican las bellezas naturales de nuestra querida, contaminada y única nave espacial.

Adobaremos esta noche la carne para mañana y el descanso reparador será preludio de una nueva jornada inolvidable.

Un abrazo para todos y cada uno.

Desde Bulnes, Chile, en febrero 26 de 2017.

La plaza de Armas de Chillán. Foto: Facebook

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