El Papa Francisco nos dejó pensando

Escrito por Jorge Romero
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Seguí con mucha atención los pormenores de su visita, para descubrir, para quitar el velo puesto en cada frase suya y sacar, desde la raíz misma de sus palabras, las verdaderas intenciones. No bastaba con escuchar sus discursos, hermosamente aderezados con citas, con metáforas, con menciones sacadas de otros contextos; ni leer sus peroratas sin escudriñar en dos o tres lecturas, si fuera preciso, en la génesis misma que las guiaba.

El ejemplo más concreto y más brutal lo encontré en la misa que ofició en el aeródromo de Maquehue en Temuco, homilía a la que asistió el obispo de Osorno Juan Barros, acusado de ser testigo directo de los abusos sexuales del sacerdote Fernando Karadima.

Por un lado está el hecho de que los terrenos en que se encuentra el aeródromo Maquehue algún día en el pasado pertenecieron al pueblo mapuche y que además el recinto fué utilizado como centro de detención y tortura durante la dictadura cívico-militar, situación en donde el obispo Barros, entonces capellán del ejército, tuvo participación directa.

De otra parte está el testimonio del periodista Juan Carlos Cruz, víctima de Karadima y querellante en el caso, quien, ante el respaldo entregado por el papa al obispo Barros ha dicho: "Como si uno hubiese podido sacarse una selfie o foto mientras Karadima me abusaba a mí u otros, con Juan Barros parado al lado viéndolo todo". "El perdón sigue siendo vacío", ahondó el periodista Cruz.

Agrego en este punto una reflexión mía, que puede parecer grosera pero que es indesmentible: El perdón no les asirve a los niños abusados. No les repara el ano ni el estigma que llevan encima. Y el caso del periodista Cruz no es un caso aislado. Días antes de la llegada de francisco a Chile, el grupo de investigación con sede en Boston "Bishopaccountability.org" publicó una base de datos que enumera unos 70 sacerdotes, diáconos, hermanos religiosos chilenos, e incluso una monja, acusados de abusar sexualmente de menores. "Algunos permanecen activos en el ministerio", señala dicho informe.

Pero volvamos a Maquehue con dos frases que desnudan al supremo impostor: "No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro". Y los que piden reconocimiento son los mapuche. Reconocimiento de su identidad, de su cultura, de su cosmovisión, de su historia y, por supuesto devolución de sus tierras y reparación del enorme daño causado a sus comunidades. Y aquí aparecen "aniquilando al otro". Porque las fuerzas especiales, las fuerzas armadas en general no necesitan reconicimiento. Son instituciones del estado.

En ningún momento se menciona el terrorismo de estado, la militarización de la araucanía, la brutal represión y el despojo. Es como si no fuera Matías Catrileo la víctima asesinada por la espalda, por nombrar un caso, sino el cabo Walter Ramírez, de las fuerzas especiales de carabineros de Chile.

"Otra frase del papa para el bronce: "La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa". Y la causa justa es la causa del pueblo mapuche, que termina siendo mentirosa porque los mapuche son violentos. No me dirán ustedes, seguidores de Radio Latin-Amerika que no hay toda una intencionalidad malsana en las palabras del 'vicario de cristo' y máxima autoridad de la 'santa iglesia católica'.

El papa no recibió a la machi Francisca Linconao ni a la delegación de feligreses osorninos que viajó a Santiago con la esperanza de un encuentro con él. Es más. Cuando en 2015 Jorge Mario Bergoglio fué preguntado por el caso Barros, el pontífice los calificó de "tontos y zurdos". Lo que equivale a decir "Yo soy un sabio y estoy con la derecha", como cuando era arzobispo de Buenos Aires y colaborador de la dictadura militar en su país. Muy por el contrario, a los católicos de Osoro se los reprimió violentamente, lo mismo que a los integrantes de la Marcha de los pobres".

En ningún momento se menciona a los 120 sacerdotes expulsados del país durante la dictadura, muchos de ellos presos y torturados; ni a los 30 pastores protestantes y unas 35 religiosas que sufrieron persecución y arresto. Ni a los cerca de 200 laicos que fueron aprehendidos y torturados. Y mucho menos se habló de los sacerdotes asesinados, Juan Alsina, Miguel Woodward, Gerardo Poblete, Omar Venturelli y Antonio LLidó.

En cambio, en esa misma línea, el ex arzobispo de Santiago, el archiconservador y derechista acérrimo, Francisco Javier Errázuriz Ossa, fue nominado por el papa Francisco como uno de los poderosos miembros del Consejo de Cardenales. En realidad, los actos y palabras del sumo impostor suman y siguen y tenemos la obligación de denunciarlos.

Los únicos que salvaron el día, fueron los pobladores pobres, que por lo menos se comieron una hostia en el parque O'Higgins y volvieron a sus callampas de cartón de nuevo cagados de hambre, mientras los señores, de civil, con uniforme o con sotana, volvían a sus rutinarios privilegios.

Hubo momentos en que sentí verguenza ajena mirando la tele. Me parecía estar viendo una película ambientada en el siglo 15, con esas vestimentas ridículas, ese persignarse y golpearse el pecho, esos besos en la mano al máximo representante de dios en la tierra, esos lameculos que son autoridades, que deciden por todos nosotros y que se aferran al pasado sin querer soltar la teta. Muy adentrados ya en el siglo 21, y Chile viviendo todavía en la era colonial.

Sí, en todo esto nos dejó pensando el Papa Pancho-Francisco.

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