Refugiados de origen latinoamericano en Noruega: mitos y realidades

Escrito por Crislexier Rojas-Aguin, Samuel Rodríguez y Andrea Z. Mannes
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Los refugiados políticos e inmigrantes por protección humanitaria son mucho más que números y estadísticas. Tienen voz y un rostro. Tienen una identidad y muchos de ellos han vivido experiencias sumamente intensas y hasta traumatizantes. Ellos son personas inteligentes, altamente resilientes y con una capacidad de adaptación sobresaliente.

Ellos se enfrentan al proceso de integración a la sociedad noruega de una forma diferente al resto de los inmigrantes que han llegado por otras razones a este país. Para los refugiados nada es opcional, pues están obligados a demostrar resultados claros que indiquen la asimilación de la cultura noruega en el menor tiempo posible.

¿Qué significa ser refugiado?

Un refugiado es una persona que ha huido de su país original pues su vida, seguridad y libertad han sido amenazados por diferentes circunstancias. Por ejemplo, persecución por su orientación sexual, religión o ideología política, violencia generalizada, ocupación extranjera, agresión a la soberanía nacional, conflictos internos, o violación de su integridad física y de sus derechos humanos, entre muchas otras causas.

¿Cuántos refugiados hay en Noruega y de dónde vienen?

De acuerdo a estadísticas oficiales de SSB (1), actualmente residen 239 mil personas que han llegado a este país por medio de una visa de protección humanitaria o de refugio político. Esto significa que un 4,4% de la población total en Noruega son refugiados o familiares de refugiados provenientes principalmente de países del medio oriente, África y Asia (incluyendo Turquía).

El 3% de los latinoamericanos residentes en Noruega son refugiados que han llegado al país en los últimos diez años, principalmente desde Colombia, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Perú y Venezuela (1,2).

El proceso es largo y sinuoso

Los solicitantes de refugio que logran llegar al país serán registrados en la policía local, les serán aplicados distintos exámenes y revisiones médicas y psicológicas y serán transferidos a los centros receptores o asylmottak. Los menores que viajan sin la compañía de sus padres serán trasladados a viviendas especiales a cargo del Servicio Noruego de Asuntos de la Infancia, la Juventud y la Familia (Bufetat). Quienes tengan mejor suerte serán ubicados en alguna de las ciudades grandes en Noruega, pero muchos de ellos serán transferidos a regiones poco habitadas o desoladas, en donde ningún noruego estaría dispuesto a vivir. Si se desea conocer a fondo la vida en un asylmotakk, recomendamos a nuestros lectores el programa de televisión “Helene sjekker inn” (en noruego: https://tv.nrk.no/serie/helene-sjekker-inn/2016/MDHP12007116).

Un solicitante de refugio será reubicado en diferentes tipos de asylmottak durante todo el tiempo en que su caso esté siendo procesado en UDI y hasta que obtenga su permiso de residencia. En este tiempo el solicitante deberá presentarse a audiencias, juicios y entrevistas con autoridades migratorias. En el mejor de los casos, obtendrán su permiso de residencia después de algunos meses, pero la realidad es que muchas de estas personas deberán esperar varios años hasta que su caso sea resuelto o sean deportados del país (3).

Una vez que su permiso de residencia es otorgado, los refugiados obtienen diversos derechos y obligaciones. Por ejemplo, tienen derecho a una vivienda, manutención mensual para cubrir sus gastos básicos, 550 horas del curso de noruego, curso presencial de estudios sociales (samfunnskunnskap) gratuito, servicio médico y psicológico y el apoyo de un asesor personal (rådgiver) quien los acompaña durante todo su proceso introductorio.

Los refugiados no sólo reciben beneficios y ayuda del Estado noruego, sino que también tienen obligaciones y deberes con la sociedad. Ellos tienen la obligación de realizar prácticas de trabajo y trabajo voluntario, así como demostrar continuamente el avance de su proceso de integración con resultados tangibles. A todo este repertorio de derechos y obligaciones se le denomina Programa Introductorio y los refugiados están obligados a concluirlo y demostrar que están preparados para contribuir a la sociedad en el menor tiempo posible.

El Programa Introductorio tiene una duración limitada que puede ser de uno a seis años, pero ya se ha propuesto al parlamento noruego (Stortinget) su reducción al máximo o restringir el derecho a un grupo muy reducido de refugiados. Todas las municipalidades (kommune) tienen la obligación de ofrecer el Programa Introductorio, pero definitivamente hay municipalidades en las que este programa se ejecuta de manera más eficiente que en otras.

No es tan fácil como parece

Imagina que eres un niño que está huyendo de su país sin sus padres o sus hermanos. Imagina que debes dejar todo atrás, que no tienes más que la ropa que tienes puesta, que no tuviste tiempo para despedirte de tu familia y que no sabes cuándo los volverás a abrazar, o que puedes perder la vida si regresas a tu país.

Imagina que, aunque estás en Noruega, no sabes a dónde vas a dormir hoy, ni mucho menos a dónde vas a despertar mañana. Imagina que no eres legal, que no tienes derecho a estudiar o trabajar, ni tienes un documento que avale tu identidad, pues no existes para el sistema. Imagina que la policía puede venir por ti en la noche para deportarte. Imagina que estás solo en un país en donde no entiendes nada y nadie parece estar interesado en ti.

¿Y luego qué?

Muchas de las personas que han inmigrado a este país por motivos de refugio o protección humanitaria han experimentado la vida en las peores condiciones humanas posibles. Las circunstancias los han obligado a convertirse en sus propios abogados y defenderse a sí mismos para lograr sus objetivos. Todos ellos se involucrarán en un proceso de asimilación de una nueva cultura en condiciones de salud mental y física muy deteriorada, incluyendo depresiones severas y estrés post-traumático.

Y su historia no termina cuando obtienen un permiso de residencia. Los refugiados, al igual que otros inmigrantes, están obligados a reinventarse, a reformular sus metas, descubrir nuevas capacidades e intereses, considerar alternativas y empezar con humildad desde cero. Los refugiados latinoamericanos tienen además la obligación moral de demostrar que no sólo están aquí para estirar la mano, recibir sin pedir y luego quejarse y criticar amargamente al país que les brinda una vida más segura que la que podrían tener en sus países de origen.

Es humano señalar y estigmatizar sin conocer el trasfondo de los hechos, pero muy pocas personas se tomarán un minuto para analizar el otro lado de la moneda y para mirar a la persona que se tiene enfrente como un ser humano con derecho a vivir libre y sin miedos.

Dedicamos este artículo a todos los refugiados que han experimentado situaciones traumáticas, que han padecido discriminación, hambre, frío, injusticia o han perdido a sus familiares durante su intento por llegar a Noruega. Todos ellos son seres humanos admirables. Donde hay amor, ahí estará su hogar.

(1) www.ssb.no

(2) https://www.radiolatinamerika.no/noticias/noruega/3468-latinos-en-noruega-cuantos-son-y-de-donde-vienen

(3) https://www.udi.no/en/word-definitions/asylmottak-ulike-typer/

Sobre los autores:

Crislexier Rojas-Aguin y Samuel Rodríguez son venezolanos y refugiados en Noruega. Crislexier es Licenciada en Educación Integral. Samuel estudió periodismo y es ahora practicante para chef en uno de los hoteles más lujosos y renombrados en Trondheim. Ambos son estudiantes en el curso de noruego y exalumnos del curso de Samfunnskunnskap en la escuela para educación de los adultos TROVO, Trondheim.

Andrea Z. Mannes es mexicana, doctora en biología evolutiva (UiB), consultora ambiental y profesora del curso de estudios sociales noruegos (Samfunnskunnskap) para inmigrantes latinoamericanos en TROVO, Trondheim.

Contacto: andrea.zamora.mannes@gmail.com