Sobre la pertenencia | Om tilhørighet

Escrito por Alexandra Archetti Stølen
Publicado el

Corría el otoño de 2004. Allí estábamos sentados en Parkteatret, mi padre argentino y yo, y lloramos. Recuerdo que había sucedido en otra ocasión, en el cine que ahora es teatro en Stortingsgata. Vimos Cinema Paradiso y papá suspiró y se echó a llorar. Mi hermano y yo estábamos sentados a ambos lados y pensamos que la película era bastante triste, pero no tanto como le parecía a papá. Tuvimos que agarrarle las manos y apretarlas fuertemente contra nuestras palmas y esperar a que eso le hiciera dejar de llorar. Los papás no deben llorar. Deben ser grandes y fuertes, y cuando yo era pequeña, pensaba que un papá que lloraba no podía ser grande y fuerte.

Era 1988. Salimos del cine en la oscuridad del otoño y sentimos que conocíamos a nuestro padre un poco mejor. Intentó explicarnos algo que entonces no conseguimos entender. Yo tenía trece años y mi hermano nueve y medio. Nos habló de la película y nos explicó por qué le había llegado a lo más profundo de su corazón. Pero no lo entendimos del todo. Aún así, sentimos hacia él una cercanía que era nueva. Hoy, 27 años después, ya lo entiendo. Se trataba del sentimiento de pertenencia. Se trataba de recuerdos de la infancia, del tiempo que nunca volverá, del envejecer. Se trataba de nostalgia, de melancolía, de cambiar de hogar, de identidad con un lugar al que uno ya no pertenece.

En Parkteatret aquella tarde, muchos años despúes, fue diferente. Papá estaba débil y enfermo. No le habían confirmado que se trataba de una enfermedad terminal, pero yo creo que él lo sabía. ¿Por qué si no estaría allí sentado y llorando de nuevo? Después del concierto caminamos en la oscuridad otoñal por Olaf Ryes Plass. Mi padre y yo. Era una noche fría y desangelada, pero lo que mejor recuerdo de aquella noche era la mano firme de papá apretando la mía, y el débil temblor de su cuerpo cuando suspiraba en silencio. Él era ahora más serio, más callado, más discreto. Yo era ahora mayor, más sensible y la palma de mi mano era más grande. Conseguí apretar la suya más fuerte, y creo que de hecho le ayudó. Cuando salimos de Parkteatret yo sabía lo que pasaba. Habíamos escuchado a Chango Spasiuk por primera vez en directo, en Noruega. Se trataba de nuevo de pertenencia.

Ya hace 11 años de aquello. Sé que esa noche fue un punto de inflexión para mí. Fue entonces cuando decidí que iba a trabajar con Oslo World Music Festival. Iba a trabajar para crear momentos mágicos para la gente que necesita un sentimiento de pertenencia en Noruega.

Todo el invierno y la primavera de 2015 los pasé trabajando y viviendo con mi familia en Argentina. Este año el festival recibe por parte de las autoridades argentinas el mayor apoyo que hayamos tenido. 35 artistas argentinos de todos los géneros tocarán para el público noruego cuando la última semana de octubre empiece la edición número 22 del Oslo World Music Festival. No tenía duda de quién estaba a la cabeza de mi lista de deseos. Tenía que ser Chango Spasiu y tenía que ser tango. El tema tenía que ser la pertenencia.

Tener dos culturas significa buscar y encontrar el equilibrio con los tiempos y los elementos que chocan, de las necesidades y los deseos de uno mismo y de su entorno.

Después de mi estancia con mi marido y mis tres hijos en Argentina, después del encuentro con lo que ha sido tan importante en mi vida, después de haber buscado los orígenes, he comprendido que mi identidad no está ligada a un lugar, o a un tiempo, a Argentina, a Oslo, a una familia, a los orígenes. Pertenezco a muchos lugares y se extiende mucho más allá de las fronteras geográficas, los lazos de sangre y la nostalgia de la niñez.

Para mí el sentimiento de pertenencia no es algo con lo que nací, sino algo que creo durante toda mi vida. A través de la gente que conozco, a través de los lugares que visito, a través de los hechos que lo varían todo. Por suerte, yo acabé en Noruega, con todas las portunidades que tenemos para crear una buena vida, vivir en paz y con la oportunidad de trabajar en temas que me apasionan. Por suerte mi padre fue argentino, por lo que toda mi vida he visto el mundo desde un ángulo diferente.

Así, a pesar de que la pertenencia es algo inconsistente, el origen es importante cuando yo defino mi identidad. Siempre pienso primero en Argentina y Noruega cuando hablo sobre de dónde vengo. El origen es importante cuando, en Noruega, queremos decidir quién se va a quedar con nosotros y quién tiene que seguir su camino hacia otra persona. Y a pesar de que la pertenencia es mucho más que la geografía, es un lujo poder vivir allí donde decidimos vivir y ser aceptdos por nuestros vecinos. Poder elegir nuestro lugar en la Tierra, así como puede hacer la mayoría de los que poseen pasaporte noruego. Qué pasaporte tenemos, sencillamente, define hoy las oportunidades que tenemos.

Este año hemos invitado Argentina a Oslo, un poco porque yo soy medio argentina, pero sobre todo porque Oslo World siempre ha trabajado para dar a nuestro público la oportunidad de disfrutar de música de la más alta calidad de todo el mundo, en Oslo. Este año vamos a subrayar la importancia de la pertenencia en muchos niveles y vamos a invitar a conciertos, seminarios y exposiciones en 18 sedes con artistas de más de 35 países. Vamos a hablar de libertad de expresión, de música, de juventud, de futuro, de crecer en guerra.

Con la enorme marea de gente, con la guerra en el Medio Oriente, con las grandes migraciones y los cambios demográficos, el tema de este año resulta tan actual hoy como lo hizo hace 27 años en Stortingsgata con mi padre. Alfredo, en Cinema Paradiso, iba a hablarle a su nieto sobre el sentimiento de pertenencia. Tú vives aquí día tras día y piensas que te encuentras en el centro del mundo. Crees que nada va a cambiar. Y lo dejas pasar. Un año, dos años. Cuando vuelves, todo ha cambiado. El hilo está roto. Lo que viniste a buscar no está allí. Eso que era tuyo ha desaparecido.

En la semana 44 Oslo World Music Festival coloca el sentimiento de pertenencia en la agenda, una vez más, 22 años después de que el festival empezase exáctamente con ese objetivo.

¡Buen festival!

Alexandra Archetti Stølen
Directora del Oslo World Music Festival

Traducido por David Fergar


Om tilhørighet

Det var høsten 2004. Der satt vi på Parkteatret, den argentinske faren min og jeg, og gråt. Jeg husker det hadde skjedd en gang tidligere, på kinoen som nå er blitt teater, i Stortingsgata, vi så Cinema Paradiso og pappa strigråt, han hulket. Jeg og broren min satt på hver vår side og synes filmen var ganske trist, men ikke så trist som pappa synes den var, vi måtte holde ham i hendene og presse de skikkelig hardt mot de små håndflatene våre og håpet på at det skulle få han til å slutte å gråte. Pappaer skal ikke gråte. De skal være store og sterke, og når jeg var liten var ikke en pappa som gråt, stor og sterk.

I 1988, gikk vi ut fra kinoen i høstmørket og følte at vi kjente faren vår litt bedre. Han forsøkte å forklare oss noe som vi ikke klarte å forstå da. Jeg var 13 år, broren min var 9 ½. Han snakket om filmen og forklarte hvorfor den hadde truffet ham midt i hjerterota. Men vi forsto det ikke helt, likevel følte vi en nærhet til ham som var ny. Nå, 27 år senere, vet jeg det. Det handlet om tilhørighet. Det handlet om barndommens minner, om tiden som aldri kommer tilbake, om aldring. Det handlet om lengsel, om melankoli, om å flytte, om følelsen av tilhørighet til et sted man ikke lenger hører til.

På Parkteatret den kvelden, mange år senere, var det annerledes. Pappa var svak og syk, han visste bare ikke at han var dødssyk, men jeg tror han visste det. Hvorfor skulle han ellers sitte der og gråte igjen? Etter konserten gikk vi ut i høstmørket på Olaf Ryes Plass, jeg og faren min. Det var surt og kaldt den kvelden, men det jeg minnes aller best fra den kvelden var igjen pappas faste håndtrykk, og den svake ristingen som gikk gjennom kroppen hans når han hulket i det stille. Han var mer innbitt, mer stille, mer diskret, jeg var eldre, mer forståelsesfull og håndflaten min var større, jeg klarte å holde hardere, og jeg tror faktisk det hjalp. Når vi gikk ut fra Parkteatret visste jeg hva det var. Vi hadde hørt Chango Spasiuk for første gang Live, i Norge. Det handlet igjen om tilhørighet.

Det er 11 år siden nå. Jeg vet at den kvelden var et vendepunkt for meg. Det var da jeg bestemte meg for at jeg skulle jobbe med Oslo World Music Festival. Jeg skulle jobbe med å skape magiske musikalske øyeblikk for folk som trenger å få en følelse av tilhørighet i Norge.

Vinteren og våren 2015 har jeg jobbet og bodd med familien min i Argentina. Festivalen mottar den største støtten, noensinne, fra argentinske myndigheter i år. 35 argentinske artister i alle sjangre skal spille for et norsk publikum når den 22. Oslo World Music Festival starter siste uken i oktober. Jeg var ikke i tvil om hvem jeg hadde øverst på ønskelisten. Det måtte bli Chango Spasiuk og det måtte bli tango. Temaet måtte bli tilhørighet.

Det å være tokulturell handler om å søke, om å finne balansen med til tider, konfliktive elementer, behov og ønsker i en selv og sine omgivelser.

Etter oppholdet mitt med mann og tre barn i Argentina, etter møte med det som har vært så vesentlig i livet mitt, etter å ha lett etter opprinnelsen, har jeg skjønt at min identitet ikke er knyttet til et sted, eller en tid, til Argentina, til Oslo, til en familie, til det opprinnelige. Min tilhørighet er mange steder og strekker seg langt forbi geografiske grenser, blodets bånd og barndommens nostalgi.

Tilhørighet for meg er ikke noe jeg ble født med, men noe jeg skaper hele livet. Gjennom folk jeg møter, gjennom steder jeg besøker, gjennom hendelser som endevender på alt. Heldigvis havnet jeg i Norge, med alle de mulighetene vi har til å skape et godt liv, leve i fred og med mulighet til å arbeide med saker jeg brenner for. Heldigvis var faren min argentinsk, så jeg hele livet har sett verden fra en annen vinkel.

Så, på tross av at tilhørigheten er flytende, er opprinnelsen viktig når jeg definerer min identitet. For jeg tenker alltid først på Argentina og Norge når jeg skal snakke om hvor jeg kommer fra. Opprinnelse er viktig når vi, i Norge, skal bestemme hvem som får være hos oss, og hvem som må reise videre til noen andre. Og selv om tilhørighet er så mye mer enn geografi, er det en luksus å kunne bo der vi velger å bo og bli akseptert av våre naboer, å velge vår plass på jorden, slik de fleste med det norske passet kan i dag. Hvilket pass vi har, rett og slett, definerer i dag hvilke muligheter vi har.

I år har vi invitert Argentina til Oslo, litt fordi jeg er halvt argentinsk, men mest fordi Oslo World alltid har jobbet med å gi vårt publikum mulighet til å oppleve musikk av ypperste kvalitet fra hele verden, i Oslo. I år skal vi understreke betydningen av tilhørighet på mange nivå og inviterer til konserter, seminarer og utstilling på 18 arenaer med artister fra mer en 35 land. Vi skal snakke om ytringsfrihet, om musikk, om ungdom, om fremtiden, om det å vokse opp i krig.

Med de enorme menneskestrømmene, med krigen i Midt-Østen, med store folkevandringer og demografiske endringer, føles årets tema like akuelt som den gangen for 27 år siden, i Stortingsgata med faren min. Alfredo, i Cinema Paradiso, skulle fortelle sitt barnebarn om følelsen av tilhørighet; Du bor her dag etter dag, og tror du er midt i verden. Du tror ingenting vil endre seg. Så la det gå: et år, to år. Når du kommer tilbake, er alt forandret. Tråden er brutt. Hva du kom til å finne er ikke der. Det som var ditt er borte.

I uke 44 skal Oslo World Music Festival sette Tilhørighet på agendaen, nok en gang, 22 år etter at festivalen startet med akkurat det som mål.

God festival!

Alexandra Archetti Stølen
Festivalsjef, Oslo World Music Festival

 

UK betting sites, view full information www.gbetting.co.uk bookamkers