Los sueños, sueños son - Crónica de Jorge Romero

Escrito por Jorge Romero
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Por cuenta propia, aunque con la autorización de los directivos de la emisora, rompo con la tradición y en lugar de hacer un análisis de los principales hechos del año que se fue, pongo por escrito un listado tentativo de mis deseos (léase sueños) para el que comienza. Apelo a mi condición de ser humano y por lo mismo al derecho inalienable a la libertad de pensamiento y opinión que nos asiste.

Aunque las pestes que afectan a la humanidad, que en su mayoría son culpa nuestra, son innumerables, quisiera que en primer lugar se rebajara a cero la mortalidad infantil provocada por enfermedades curables, el hambre y el analfabetismo, tan unidas las tres desgracias por razones obvias.

Me gustaría que se terminaran los conflictos armados de toda laya y que nadie en el planeta se viera enfrentado a la necesidad imperiosa de emigrar de su tierra.

Quisiera que los asesinos, sean jefes de estado, dictadores militares o civiles, generales o mafiosos de toda condición, no se murieran de viejos, sino que pagaran los crímenes que ordenaron o cometieron de propia mano en su momento y no 30 años después.

A esto se agrega, como corolario natural y lógico, mi deseo de que en cada país se instaure un tribunal popular que juzgue a los jueces, sumado esto al cierre de las Naciones Unidas o por lo menos al cumplimiento irrestricto de cada uno de los postulados sobre los derechos del hombre, enunciados en su carta fundacional.

Cuando esto se cumpla, es mi deseo ferviente de que el organismo internacional con más poder sobre la tierra, no cuente más con un consejo de seguridad de 5 miembros ni con la OTAN (Organización Transnacional para el Asesinato de Naciones) y deje de premiar a los servidores del imperio con puestos claves y decisivos en las relaciones entre países. Aquí maté varios pájaros de un tiro, especialmente políticos del más alto nivel que profitan en diversas latitudes. Al que le venga que se lo ponga…

Exijo el cierre de Guantánamo, su devolución a sus verdaderos dueños y el fin del bloqueo criminal a Cuba, a propósito de la inutilidad de las resoluciones de la ONU.

Quiero que el papa, cariñosamente llamado Francis, sea consecuente entre el discurso y las decisiones vaticanas y confiese de una vez cuál es su misión, su pensamiento y su credo. Aquí me quedé corto porque lo que realmente me gustaría sería la demolición del Vaticano, con toda la riqueza y podredumbre que encierra. Pero no le pidamos peras al olmo.

Esto del pensamiento y la acción consecuente es extensivo por supuesto a todos los políticos, académicos y científicos que nos pasan gato por liebre.

Quiero que América sea una sola nación sin fronteras, salvo la frontera imposible de superar (sería un sueño demasiado hermoso) con el monstruo del norte.

Aunque no las uso, es mi aspiración que se legalicen la marihuana y la prostitución, utilizadas por el homo sapiens desde tiempos inmemoriales. Controladito su uso, demás está decirlo, para evitar males mayors. Verbigracia, tanta cantidad de yerba por persona a la semana. Tantas prestaciones al mes, también por persona.

Es mi anhelo que se prohiba prohibir, que se encuentre una medicación para la estupidez y haya menos piedras.

Del racismo ni hablar. No debió haber existido nunca.

Un sueño llama a otro. Es mi aspiración que se declare inútil al Comité Nobel de la Paz, no sin antes anular el premio a Barak Obaba y otorgarle, por merecimientos indiscutibles, el premio Hitler de la Guerra.

No espero la desaparición de Israel, pero sí que finalicen sus agresiones y que Palestina sea un estado soberano e independiente con las fronteras fijadas en los acuerdos de 1948.

Me interesa especialmente que Colombia viva en paz y que los asesinos de lesa humanidad israelíes, palestinos o colombianos sean juzgados y condenados como corresponde.

Aunque está siempre con nosotros quiero que resucite Nelson Mandela y que Pinochet siga achicharrándose en el infierno por los siglos de los siglos. Que ningún mapuche sea asesinado y que Agustín Edwards Eastman sea colgado en la Plaza de Armas de Santiago, por el delito de alta traición a Chile y su pueblo.

Quiero que el amor reemplace al odio dondequiera que emponzoñe corazones individuales o voluntades colectivas. Que los movimientos de rotación y traslación de nuestra querida, contaminada y única nave especial sigan su curso normal y que los vientos, las nubes, los pájaros y los poetas continúen volando libremente.

Anhelo que aumenten por lo menos al doble los amigos que apoyan a Radio Latin-Amerika cuando juegan la lotería y que la revista sueca magazinlatino continúe su labor irreemplazable.

Si entre los deseos de algún lector está el de que yo no exista, pues ni modo, porque aquí seguiré por varios años más, para molestia de muchos y solidaridad de algunos. Me gustaría por último no haber escrito esto, pero a lo hecho pecho. Aunque no le guste a quienes se sientan aludidos, no le cambio ni una coma.

Faltan en todo caso muchos deseos. Digo los que se me ocurren de pasada y me quitan el sueño. La idea no era escribir un tratado sino ofrecer un esbozo. Alguien podrá decir que nada de esto es possible. Le respondo con el titulo: Los sueños, sueños son.

Feliz año.

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