Colombia: una elección entre el pasado de violencia o un futuro en paz

Escrito por Diego Marin Rios
Publicado el

En Noruega hemos tenido noticia de las enormes dificultades que afronta la implementación del acuerdo de paz en Colombia. Las principales reformas contenidas en el acuerdo firmado por el gobierno y las FARC, la reforma a la justicia, la reforma política y la reforma agraria, fueron bloqueadas en el parlamento por una mayoría liderada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez (partido Centro Democrático) y por el vicepresidente, y ahora candidato presidencial, Germán Vargas Lleras (partido Cambio Radical).

Los programas de infraestructura y atención a las comunidades más afectadas por la guerra todavía no llegan a los territorios, los otrora guerrilleros de las FARC han sido dejados casi a su suerte en lugares muy apartados de la geografía nacional y el sistema de verdad, justicia y reparación (justicia transicional), fue prácticamente desmantelado, por acción del fiscal general de la nación y el bloque parlamentario ya mencionado.

Sin embargo, y pese al lánguido triunfo del NO en el plebiscito sobre el acuerdo de paz, Colombia vive un momento de enorme movilización política. Los expertos vislumbran una participación electoral histórica, que podría estar entre el 55% y el 60%, superando el promedio de participación que se ubica entre el 40% y el 45%. Las plazas han sido llenadas “hasta las banderas”, en especial por el candidato Gustavo Petro, en un ejercicio de agitación y movilización política solo equiparable a lo vivido en las épocas de Jorge Eliecer Gaitán en 1948.

El debate político dominado por el miedo y el odio, manipulado por los grandes poderes tradicionales, en el que cualquier propuesta alternativa era tildada de guerrillera o terrorista, va quedando atrás. Frente a los adjetivos dañinos e insultantes, se ha venido imponiendo un debate con argumentos sobre temas central de la vida cotidiana de los ciudadanos. El tema de equidad de género y participación de las mujeres ha cobrado tanta importancia que, 4 de las cinco candidaturas, cuentan con vicepresidentas mujeres. El tema del medio ambiente, cambio climático y alternativas al petróleo ha sido de suma importancia. La discusión sobre los sistemas de salud, de pensiones y la vida laboral y productiva saltó al primer orden de la agenda pública. El tema de la lucha contra la corrupción ha sido uno de los más discutidos.

Por momentos pareciera que el pais está en los albores de una nueva era política. La explicación puede encontrarse en al menos dos fenómenos. El primero, el proceso de paz con las FARC, el segundo, la labor pedagógica y de agitación de tres candidaturas: Gustavo Petro, Sergio Fajardo y Humberto De La Calle.

El proceso de paz abrió una ventana de oportunidad, pequeña, pero muy significativa, para que una amplia franja de la población colombiana pudiera superar el embrujo autoritario de otras épocas, embrujo que llevó a la justificación de una guerra en la que los paramilitares y el Estado son los responsables de cerca del 70% de los crímenes. A pesar de la falta de compromiso de las élites con la implementación de los acuerdos de paz, las fuerzas democráticas y la conciencia política cultivadas durante cinco años de negociaciones con las FARC parecen haber crecido más de lo esperado por el propio establecimiento. Hoy, a pocas horas de saber los resultaos de la primera vuelta presidencial, está claro que Colombia no será la misma, que ya existe un bloque histórico opuesto a la guerra y a la enorme desigualdad social, política y económica, y que ese bloque hoy amenaza a los poderes tradicionales y tiene la oportunidad de acceder a la silla presidencial por la vía democrática.

De otra parte, aunque el candidato de extrema derecha Iván Duque, heredero del legado de Álvaro Uribe Vélez, intentó adelantar una campaña basada en el miedo y prejuicios contra las libertades ciudadanas y los acuerdos de paz, la labor sistemática pedagógica de los tres candidatos que apoyan los acuerdos de paz, Gustavo Petro, Sergio Fajardo y Humberto De La Calle, le ha devuelto la esperanza al pueblo colombiano. En particular la campaña de Gustavo Petro ha demostrado una capacidad de movilización inigualable para los demás candidatos. Que la gente tome las plazas de nuevo, en medio de un debate político lleno de nuevos temas y argumentos, venciendo el miedo, constituye un avance enorme en el contexto político colombiano.

En estas elecciones, más que el nombre del nuevo presidente, está en juego la paz. Mientras siguen asesinando líderes sociales en el campo y no se cumplen las promesas firmadas en los acuerdos de paz, avanza una posibilidad real de poder alternativo en Colombia. Es de vital importancia entonces que las elites colombianas no cometan una locura. Cualquier asomo de fraude, cualquier acto de violencia, puede ser la justificación política para otra guerra de 50 años, que ya se empieza a cocinar al calor de nuevos carteles del narcotráfico y grupos paramilitares. Gane quien gane, estas deben ser unas elecciones transparentes y en paz. El país debe elegir.

Una opción es el camino que lo llevará de regreso a la guerra y lo mantendrá en las condiciones de miseria actuales, lo cual es claramente representado por los candidatos de la derecha: Iván Duque y Germán Vargas. La otra opción es emprender un camino nuevo, en el que la paz y la justicia social aparecen como una meta alcanzable, la opción representada en las propuestas de Humberto De La Calle, Sergio Fajardo y Gustavo Petro. Mi voto es por este último, porque considero que representa el cambio más radical que puede darse en Colombia, en el menor tiempo posible.

Diego Marin Rios

Historiador de la Universidad de Oslo, colombiano residente en Noruega hace 10 años.

UK betting sites, view full information www.gbetting.co.uk bookamkers