Chile, 11 de Septiembre: culminación y comienzo

Escrito por Jorge Romero
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El pasado martes 11 de septiembre se cumplieron 45 años del golpe cívico-militar en Chile. Es imprescindible, necesario, conveniente y obligatorio hablar de ello, recordar los hechos, que a casi medio siglo de ocurridos, mantienen su vigencia en el dolor de los familiares de las víctimas, en el trauma de quienes lograron sobrevivir y sobreviven aún, y sobre todo en momentos en que tres jueces de la Corte Suprema, el máximo tribunal del Poder Judicial chileno, les otorga libertad condicional a siete monstruos que torturaron salvajemente a miles de compatriotas, hombres y mujeres, violaron, asesinaron, hicieron desaparecer y enviaron al exilio a más de un millón de personas.

Sin embargo, la fecha 11 de septiembre, que muchos confunden, por ignorancia o por complicidad con los esbirros de la dictadura, con la voladura de las torres gemelas en Estados Unidos, es a mi juicio sólo la culminación de un proceso que comenzó mucho antes, de una idea que estuvo siempre presente, no sólo en las mentes retrógradas de la oligarquía, los terratenientes y, en general de los ricos de Chile, sino también de las Fuerzas Armadas del país, en el sentido de considerar un peligro para sus intereses económicos los primeros, el ascenso al poder de las fuerzas políticas de izquierda con base en el proletariado obrero, campesino, pescador, minero o mapuche; y el sueño de la oficialidad nazi-fascista de liberarse de la autoridad civil sobre sus propias prerrogativas y de tener un papel protagónico en el exterminio del pueblo pobre y de sus ideales de justicia y libertad.

Desde antes de la llamada ”Pacificación de la Araucanía" y del exterminio casi total del pueblo mapuche, entre los años 1861 y 1893, ha sido constante el asesinato por parte de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile de obreros, mineros, campesinos, pescadores, estudiantes.

En Wikipedia encontramos un detalle cronológico de 14 masacres ocurridas en Chile. No figuran en este listado los asesinatos individuales, por ejemplo, de Víctor Jara, de Litre Quiroga, de jóvenes mapuche, de Miguel Henríquez y tantos otros. Sólo masacres. Daremos cuenta aquí de algunas de ellas.

El 18 de agosto de 1891, tuvo lugar en Santiago la llamada Masacre de Lo Cañas. Bajo el mando del general Orozimbo Barbosa, el Ejército asesinó a 84 personas.

En el llamado "Mitin de la carne", el general Roberto Silva Renard dio la orden por la que resultaron muertas más de 100 personas que pedían rebaja en los precios. Esto bajo la presidencia de Germán Riesco Errázuriz.

El mismo Silva Renard comandaba las tropas que asesinaron a más de 3 mil obreros del salitre, junto con sus mujeres y sus hijos en la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique, el 21 de diciembre de 1907. Era presidente de Chile Pedro Montt.

Bajo el gobierno de Arturo Alessandri Palma, y según estimaciones de diplomáticos británicos, fueron asesinadas más de 800 personas (hombres, mujeres y niños) en la denominada Masacre de La Coruña, el 5 de junio de 1925.

En los meses de junio y julio de 1934, hubo un levantamiento de campesinos y mapuche en la provincia de Malleco. Pedían el fin de los abusos por parte de los terratenientes. El presidente Alessandri Palma ordenó nuevamente una masacre en Ranquil, de la que resultaron asesinados por fuerzas de Carabineros de Chile más de 500 campesinos.

En la Matanza del Seguro Obrero en Santiago, el 5 de septiembre de 1933, fueron asesinadas 59 personas.

En Puerto Montt fueron masacrados 10 pobladores, el 9 de marzo de 1969, por orden del ministro del Interior Edmundo Pérez Zujovic. Gobernaba el país el democristiano Eduardo Frei Montalva.

El 18 de septiembre de 1973, ya en dictadura, fueron asesinados 19 obreros en la Matanza del Laja.

Esta matanza, que forma parte del exterminio masivo de dirigentes políticos de izquierda, de sindicalistas, estudiantes, obreros, campesinos, mineros, pescadores, mujeres y niños, del asalto al palacio de La Moneda y la muerte del Presidente Salvador Allende, es el comienzo de una nueva forma de represión y asesinatos masivos por parte de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile, más los organismos represivos creados por la dictadura, la CNI y la DINA.

Las Fuerzas Armadas habían logrado independencia del poder civil. Ya no tenían que responder ante nadie de sus actos, ni siquiera ante organismos internacionales y la oligarquía chilena aseguraba, con este triunfo de sus guardianes, que sus intereses económicos no fueran tocados.

De manera que me parece absolutamente lícito, al referirnos al 11 de septiembre de 1973, hablar de culminación y comienzo. Culminación, meta largamente soñada por civiles golpistas y Fuerzas Armadas fascistas y comienzo de una nueva era, marcada por la represión, la desaparición forzada de personas, la tortura, el asesinato masivo y el exilio. El contubernio entre civiles y militares sigue y seguirá funcionando como reloj suizo, hasta que el pueblo de Chile los borre del mapa e inicie su propio camino hacia el futuro.

Testimonio personal en dos casos

Trabajando para el gobierno de la Unidad Popular en la Gobernación de El Loa, en Calama, fui enviado por el gobernador Edmundo Checura Jeria a fiscalizar el tren Antofagasta-Oruro. Había aumentado ostensiblemente el contrabando por esa vía, en ambos sentidos. De mi investigación resultó ser que el capo de la mafia era el propio jefe de Aduana en Ollague, pueblo salitrero en la frontera con Bolivia. Y de mi informe enviado a las autoridades centrales en Santiago, resulté declarada persona 'non grata' en todo el Norte Grande, mientras el funcionario aludido conservaba su puesto. Era militante del Partido Socialista de Chile.

En julio de 1973 me presenté como periodista en la Comisaría de Los Ángeles a exigir los nombres de cinco jóvenes fascistas de Patria y Libertad (brazo armado del Partido Nacional) que habían apedreado a la entrada de la ciudad un bus de la línea Vía Sur, con resultado de varias personas heridas de gravedad con cortes profundos, especialmente en sus rostros. Mientras era sacado violentamente de la Comisaría, grabé los gritos de un capitán, que decía: - Menos mal que les queda poco a estos c. de su m!

El Sr. Intendente, militante del Partido Comunista de Chile le hizo saber al ministro del Interior, Daniel Vergara, sobre lo ocurrido... y no pasó nada.

El primer caso nos muestra la contribución que hizo la propia izquierda chilena al golpe de Estado. Con el segundo ejemplo queda claro que el golpe fascista era inevitable y que se sabía que ocurriría, tarde o temprano.

La culminación de los sueños dictatoriales de los ricos con las Fuerzas Armadas de Chile estaba a las puertas de nuestra historia.

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