La calle de los ataúdes de cartón

Escrito por Patricia Mantilla Rinvik, Guayaquil (Ecuador)
Publicado el

Los cuerpos de las víctimas más pobres de la pandemia de la Covid-19 esperan a ser retirados de las mismas calles de Guayaquil donde nacieron, crecieron y vivieron.

Hermano, papá, mamá, amigo, tía, abuela, sobrino, vecino y …

Guayaquil, la Perla del Pacífico, las Peñas.

Cuerpos sin vida, féretros en la calle.

Esa misma calle donde pisaron mis chancletas, que me vio jugar pelota, al trompo o a las cogidas. Donde mis pasos andaban confundidos.

Esas mismas calles donde con mis pisadas iba dejando mi piel y mi vida. Calles donde vagaba transeúnte de mis utopías y desilusiones.

Esas calles que me vieron reír a carcajadas, pasar apurada, enamorada, sin nada en los bolsillos mas que un montón de migajas ilusiones y algunas decepciones. Los pasos que dí, los en falso, los que no me atreví a dar o los que pude haber dado.

Pasarán los años y los daños te veré calle testigo de mis amores, de mis lágrimas, de mis apuros, aprietos y mis divagaciones.

La falta de ataúdes se agudizó por la crisis de los cadáveres que se han acumulado en calles, morgues y funerarias a raíz de la emergencia sanitaria por el covid-19. Foto: Alcaldia de Guayaquil.

La calle que me vio correr sin camiseta o con la del equipo Barcelona de Ecuador, la de poliéster amarilla, azul o la comprada en la Bahía, medio desgarbada, mientras afilaban cuchillos, soldaban sus ollas las vecinas de mi cuadra o gritaban lo mismo los vendedores ¡guachito! o !pescado! al pasar. Donde mi abuela me persiguió para que entrara a la casa.

___________________________________________________________________________

”Calle que fuiste testigo de mi primer beso o de mi primer coche de madera, del halón de orejas de mi madre o de que me robaran el pensamiento o la billetera. La calle de mi barrio que me vio crecer y dejar la piel como serpiente”

___________________________________________________________________________

Donde al correr el viento me vio hacerme viejo o vieja entre los dedos de mis pies polvo o asfalto.

La calle donde paso mi vecina la chismosa, la madrina, infantes, los amarguras o el !habla bro!.

La calle de mi barrio me vio entrar en vida y salir sin ella, la que me dio respiración boca a boca cuando no tenía fuerzas. La misma que ahora me cobija bajo el coro de grillos y luciérnagas alumbrando mi penumbra.

Fuertes imágenes que dieron vuelta al mundo: cadaveres abandonados en las calles de Guayaquil. Foto: Facebook.

A ti, calle, donde deje mi piel y mis arrugas. Calle que me vio venir, que me vio partir y regresar.

Estoy aguardando aquí, como cuando nací a que me levanten, pero esta vez para que se lleven mi cuerpo infecto al sepulcro.

Ahora estoy afuera de mi casa esperando a mis amigos y esta vez no con cigarrillo en mano para emborracharme escuchar música o contar sobre mis conquistas, sueños rotos y aprender pasos de baile o contar chistes a risotadas en chacoteada.

___________________________________________________________________________

”Estoy fuera de mi casa y no para abrazar a mi padre luego de no haberle visto por muchos años ni de serenata o para que los perros de los vecinos me ladren”

___________________________________________________________________________

Estoy afuera de mi casa no para que me reciban o me despidan con mi maleta en mano, con esa intensidad de un fuerte abrazo de bienvenida o el del fin de año, quemando al monigote.

Estoy esperando afuera dentro de un cajón de cartón para que mi familia me dé el último adiós. Para que con un abrazo podamos escucharnos los latidos de shungo a shungo (corazón es shungo en idioma quichua), de esos que me perforaban hasta los huesos.

Familiares esperando poder obtener un lugar para el entierro de sus seres queridos en el campo santo Jardines de Esperanza en Guayaquil. Foto Facebook.

Estoy aquí envuelto en una sábana esperando bajo el sol, lluvia y viento por días para que me recojan como si fuera una bolsa negra más de basura o me metan en una caja de cartón.

___________________________________________________________________________

”No sé si quemarán mis carnes con peste en esta misma calle o si alcanzarán a pagarme un crematorio, si encuentran mis restos. No sé si me enterrarán sin nombre, si alcanzarán a tomar mis dactilares”

___________________________________________________________________________

Quizás nadie quiera tomar ni mi mano por miedo a contagiarse. Puedo decirte que hasta hace poco te hubiera contaminado con mi alegría, hubieras escuchado cantar a viva voz o rugir mis células urgentes, como aquellas que crecen desenfrenadas bajo la lluvia o las piedras.

Ahora nadie se acerca a darme el último adiós, ni familiares, amigos, enemigos o conocidos. Tanto valía mi existencia, tanto valieron los cuidados de mi madre al nacer y haber guerreado mis días para estar de pie, llevando el sustento, penas, preocupaciones o alegrías a mi casa.

Cuando nací exclamaron mis padres: “esta criatura nació con estrella” y pude ver la luz sonrisa de mi madre; ahora la estrella cayó en mi frente, me cosió la boca al silencio eterno y ya no puedo ver más.

En la puerta de mi casa estoy esperando a que se lleven mi cuerpo y lo fundan ya con la tierra húmeda.

Personal del municipio y habitantes de varios barrios de Guayaquil se organizaron para limpiar las calles y las fachadas de sus viviendas, con agua, cloro y desinfectantes, como medida de prevención en contra del coronavirus. Foto: Alcaldía de Guayaquil.

Solo recuerden que un día fui pájaro y mies. Ahora mi médula, mis nervios, mis huesos se fundirán con el misterio mismo de la vida.

Hasta hace un mes era latido fuerte, en carnaval tenía olor a vida, al aroma del sudor y también me chispeaban sus gotas en el rostro.

Ahora soy cuerpo pestilente, fastidio, ahora soy infecto, apesto a mortandad, a esa mortandad que solo los humanos podemos percibir.

Algunos vecinos de las calles 45-46 y la CH en el suburbio de Guayaquil toman medidas para aislar el cuerpo de una persona presuntamente fallecida por Covid19. Foto: Facebook.

Los canarios y pájaros de colores ya no me revolotean, sino gallinazos y mariposas negras. Ahora mi familia llora y quieren deshacerse de mi cuerpo para no contagiarse.

Los entiendo porque yo también hubiera hecho lo mismo si no me hubiera pasado esto, aunque a los pobres somos nadie porque no somos dueños de nada.

___________________________________________________________________________

”Mi casa, la que fue mi casa ya no es la mía. Mi templo está agazapado en una bolsa de basura, folio de embalaje o en una simple caja de cartón, como las que cubren lo mismo un mueble o una refrigeradora”

___________________________________________________________________________

Lejos quedó la quimera del himno ”vasija de barro” que según la abuela me acurrucaría en mi último día.

Soy un par de ojos, pelo negro y piel morena envuelta en una mascarilla. Soy cadáver sin rostro, una mascarilla que esconde la peste.

En Guayaquil intensifican labores de fumigación en barrios para frenar contagios de coronavirus. Foto: Alcaldía de Guayaquil.

Quiero que sepas tú que también fui sonrisa, fui beso, fui llanto, fui sangre, fui sudor, fui orgasmo, fui ráfaga, fui melancolía, fui añoranza, fui oro, pecado, piedra y santo.

Lo último que recuerdo es que respiraba fuerte y los pulmones ya no me lo permitían, los sentía inflamados, me desplomé.

Tan solo quise decir que los amo y los amaré siempre, darles las gracias y fundir el límite de mi existencia en el último adiós.

Que nací en una tierra indiferente que el estado todas mis generaciones no les importaron ni le importarán tampoco las que me preceden.

Que sobrevivimos por siglos a la pobreza a la hambruna, a la esclavitud y que pese a eso nos mezclamos, fuimos flor, árbol germinado y enraizado.

Ahora ya no soy más semilla, se paró el reloj de arena mientras las olas siguen chocando y los volcanes siguen jadeando por dentro.

Al Estado no le importé solo me sirvió para que me dieran un acta de nacimiento, una cédula y un acta de defunció́n, también un pasaporte al olvido.

___________________________________________________________________________

”Los ecuatorianos tenemos una caducidad corta. Los hijos de nadie nacimos sin derechos, nos criamos en casas malhechas de bambú, madera, y cartón, sí de cartón como esos féretros. Al Estado le da lo mismo mi muerte que mi vida, mi enfermedad o mi salud, porque invisibles fuimos y somos”

___________________________________________________________________________

Ya no podemos esconder más que los hijos de “nadies” estamos naciendo y muriendo en la calle aunque nos crean incorpóreos.

En las afueras del Hospital General del Norte de Guayaquil IESS Los Ceibos, una mujer llora desconsolada la muerte de su esposo, víctima del coronavirus. Foto: Facebook.

Sé que se comportó como el peor de los enemigos conmigo y mis hermanos, nunca esperé nada al nacer ni tampoco que me ayudaran al fenecer.

Pero al mismo tiempo en este mismo territorio nacieron mis bisabuelos, mis abuelos, mis padres y toda mi familia de sangre llamada Ecuador.

La célula es la familia, dicen, no creo que mi familia sea tan diferente a la tuya. Para el Estado mi existencia es solo un voto, un número, claro está si consto en sus cifras.

___________________________________________________________________________

”Hasta hace poco me reía a carcajadas y ahora estoy envuelto sin respirar en una sábana”

___________________________________________________________________________

Escuchando a Jota Jota (Julio Jaramillo) me emborraché, reí, lloré con “Pilsener” helada o caliente en mano. Con mis zapatillas “Venus”, con ellas recorrí muchos barrios, como si mi vida fuera una cometa en pleno vuelo que descendió precipitadamente, pero eso sí te puedo decir que espabilé hasta tocar el sol.

Ahora estoy en la puerta de mi casa, no viendo la vida pasar, sino esperando a que alguien recoja mi cuerpo descompuesto.

Un cadáver yace en el suelo de una zona comercial de Guayaquil, la capital económica de Ecuador. Por delante pasan varias personas con mascarilla. El lugar ha sido acordonado, pero el cadáver permaneció por largo tiempo en la calle. Foto: Facebook.

Dentro de poco seré un recuerdo, una foto amarillenta y descolorida más en el álbum o puesta en un marco comprado en algún almacén chino. Dirán que fue mi indisciplina la que me mató, que es mi culpa que el coronavirus me haya alcanzado.

Lo siento pero esta vez no lo pude torear como lo había hecho antes con mi cuadrilla de panas (amigos), como cuando la policía nos perseguía por robar mangos u orinar en la puerta de la casa de algunos dueños de la Perla con algún apellido de tierra lejana y sin rostro de figurinas precolombinas o color terracota como los de nosotros.

Esta vez no me pude esconder de la muerte terca, ladrona y mas astuta que nosotros, ¿será que también es mujer y mojigata como las serranas?

La parca se nos metió a galope de caballos invisibles sin hacer ruido despacito a puntillas con su hoz segándonos como hierba mala a los pobres cuando éramos mies, solo que nunca pudieron ver nuestras pupilas y entender que teníamos un porque.

___________________________________________________________________________

”No puedo moverme, estoy aquí en la calle, no sé si me quemarán aquí o qué harán con mis restos”

___________________________________________________________________________

Lo último que recuerdo que es que me vestí, necesitaba medicina y oxígeno, que estaba luchando para seguir latiendo y no abandonar a los que amo mientras la parca me pisaba los talones, susurrándome al oído y besaba hasta mis huesos mientras me quitaba el ultimo aliento.

Un video que supuestamente muestra cuerpos dentro de bolsas para cadáveres en el suelo de un hospital en Ecuador ha sido compartido miles de veces en Facebook y Twitter. Aunque varios usuarios han puesto en duda que las imágenes fueran de ese país, un hospital de la ciudad ecuatoriana de Guayaquil confirmó que las imágenes fueron grabadas en sus instalaciones durante la pandemia del nuevo coronavirus.

Me fui y les dejé con el recuerdo bueno o malo de que fui alguien, un ser humano que merecía un trabajo digno, condiciones de vivienda dignas, una oportunidad para con mis manos honradamente poder traer el sustento y llenar el estómago de mi familia.

Hacerle cosquillas a la muerte no resultó,́ esta vez se embelezó en un mes por conquistar a este pueblo y llevárselo de a poquito, con su hoja afilada llegó y nos decapitó los sueños.

___________________________________________________________________________

”Ahora tú con temor de infectarte, tú que me vas a recoger como cualquier funda de basura o como cual caja de cartón me arrojarás a un horno y con suerte a algunos metros bajo tierra”

___________________________________________________________________________

Si mis familiares no me encuentran, quiero que les digas, que me recogiste y que aunque no me viste, yo sí tenía un rostro.

Que lo que se van a llevar era mi templo, un vehículo de carne y hueso para coincidir aquí y ahora con el mundo.

Repartiendo alimentos a la población. Foto: Municipalidad Guayaquil.

Que no te llevas mi vida porque yo misma me la llevé conmigo. El amor no muere solo porque el cuerpo se va. El espíritu se queda y sigue fluyendo como cascada alocada, como volcán en plena erupción en el ADN, en la sangre, en la esperanza de los que se quedaron y los que vendrán.

Esta calle que me vio llegar, que me vio partir y que me verá volver.

La calle donde un día miramos la vida pasar y también la muerte.

La misma calle donde dejas tus pisadas y tus latidos, nos reencontrará en el camino espabilados como cometa al viento solo por el afán del universo de hacernos coincidir aquí a millones de años luz.

Personal de la Municipalidad junto a pobladores desinfectan las calles de Guayaquil. Foto: Municipalidad de Guayaquil.

Esta crónica apareció en el diario La Vanguardia de España el 10 de abril 2020. Publicado en Radio Latin-Amerika con autorización de la escritora Patricia Mantilla Rinvik, colaboradora de nuestra emisora.

Fotos: Municipalidad de Guayaquil, Facebook, Twitter, Instagram, archivo.