40 mil chilenos murieron en la mortífera pandemia en 1918. Estado negligente. Nada nuevo bajo el sol

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Hace un siglo, en 1918 y 1919, cuando termina la Primera Guerra Mundial, el Planeta fue azotado por la peor pandemia que registra la historia contemporánea, conocida como la “gripe española”, particularmente contagiosa y mortífera. Hasta hoy se debate sobre el número de víctimas; las estimaciones van de 20 a 100 millones de muertos, cuando la población mundial era de 1.800 a 1.900 millones, es decir fallece entre 2% y 5% de la humanidad. Aunque esta cifra supera de lejos el número de caídos durante la guerra., la pandemia ha ocupado sólo un pequeño lugar en la historiografía.

En la primavera de 1918 la llamada gripe española asoló Chile. La enfermedad llegó a Santiago la capital proveniente desde Argentina y la ciudad de Valparaíso. La gripe española mató a 50 millones de personas en el mundo. En Chile murieron 40.113 personas, cuando la población del país alcanzaba los 4 millones.

Inicialmente, los lugares más afectados fueron los centros comerciales de Santiago, en los barrios del mercado o Vega Central y el entonces llamado “Ultramapocho.”

Las clases acomodadas, los llamados "cuicos"" de hoy, igual padecieron las consecuencias de la gripe.

El gobierno insistió en la educación higiénica y una alimentación sana; velar por el aparato respiratorio evitando “atmósferas confinadas” como cafés, tabernas y todo espectáculo público; cultivar la oxigenación, valiéndose de paseos al aire libre; y la limpieza de las ropas y utensilios que estuvieran expuestos al contacto con los enfermos.

Sin embargo, la comunidad médica, al igual que hoy el Colegio Médico que dirige Iskia Sichel, sostuvo que el principal error del Estado fue la falta de precauciones.

Igual que hoy, el gobierno compró camas. El Ministro del Interior, Pedro García de la Huerta, solicitó doscientos cincuenta mil pesos al Congreso para la habilitación de camas y para la compra de diversos materiales para la desinfección.

Muchos alcaldes, al igual que hoy, se quejaron de la falta de recursos para afrontar los cada vez mayores focos de infección.

El alcalde de Santiago planteó aislar a los “enfermos preliminares” en las denominadas Casas de Aislamiento, mientras el personal del Desinfectorio Público procedía a higienizar el hogar del contagiado.

La policía se encargó del lavado diario de las cunetas de las calles para impedir que se produzcan en ellas fermentaciones a causa de la aglomeración de desperdicios.

Una similar solución fue solicitada por el alcalde de Santiago a la Inspección de Higiene para el caso de los teatros y biógrafos y otros lugares de afluencia masiva de público como el caso de los colegios para los cuales se dispuso de una serie de indicaciones para evitar la propagación de la epidemia. Se recomendó la distribución de jabones y escupitines en los establecimientos escolares.

Sin embargo, el número de enfermos se incrementó día a día. Hubo interminables esperas por atención en los hospitales de la ciudad. La pandemia fue imposible de contrarrestar, el mal se expandió a liceos, comisarias, bibliotecas etc., pero también a otras provincias.

Inexorablemente, tal como ocurre en la actualidad con el Coronavirus, se elevaron voces contra el ineficiente sistema de asistencia médica.

Las respuestas de la autoridad ante la gripe fueron criticadas por algunos sectores como superficiales. No atacaron el problema central, la falta de tratamiento.

Las críticas fueron directas a la escasa capacidad ejecutiva del Estado y su incompetencia para proponer soluciones adecuadas.

Al igual que hoy, los médicos criticaron el pésimo manejo comunicacional del gobierno.

Al igual que hoy, también criticaron a algunos burdos medios de prensa, quienes intentaron bajar el perfil del impacto de la influenza.

El delicado escenario sanitario crítico tenía su origen en la responsabilidad del Estado. No fue capaz de acoger y contener a la población enferma.

Los salubristas básicamente postulaban que una operación sanitaria fructífera debía identificar prontamente a un enfermo y que se movilizaran los recursos sanitarios correspondientes.

Al igual que hoy frente al Coronavirus, a juicio de los facultativos el Estado fue negligente.

Las cifras

Aunque las crónicas europeas son las más conocidas, sólo una pequeña parte de los afectados por la pandemia vive en el viejo continente. En 18 meses la gripe se expande por casi todo el mundo incluyendo América y Chile, donde tuvo un impacto importante, recientemente estudiado por Marcelo López y Miriam Beltrán.[2] Provoca la muerte de entre 2% y 5% de la población mundial. Es sin duda la peor pandemia conocida hasta hoy.

Hay víctimas célebres. Entre ellas el presidente de Brasil, Francisco de Paula Rodrigues Alves; el poeta francés Guillaume Apollinaire, quien había sobrevivido a las heridas de guerra; el pintor austríaco Egon Schele y su mujer Edith; el autor de La Metamorfosis, Franz Kafka, el diplomático británico Mark Sykes quien, con el francés Georges Picot, firmó los tratados secretos donde Francia y Gran Bretaña se reparten el próximo oriente; y el alemán Max Weber, considerado uno de los fundadores de la sociología.

Fuente: Chile entre pandemias: la influenza de 1918, globalización y la nueva medicina Marcelo López y Miriam Beltrán. Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago. Facultad de Medicina Programa de Estudios Médicos Humanísticos. 28 de diciembre de 2012

(Radio del Mar, Radio Universidad de Chile)