Chile: Elicura Chihuailaf - Premio Nacional de Literatura 2020

Escrito por Jorge Romero
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En septiembre llega a Chile la primavera y con ella el recuerdo del triunfo en las urnas de Salvador Allende el 4 de septiembre de 1970, la pavorosa evocación del golpe de estado, el 11 de septiembre de 1973, la celebración de nuestro día nacional el día 18 y los asesinatos atroces de Víctor Jara el 16 y de Pablo Neruda el día 23 de ese mismo año. Junto con estas evocaciones ha llegado el martes primero de septiembre la noticia de que el poeta mapuche Elicura Chihuailaf Nahuelpan ha sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura 2020.

La noticia ha motivado tal cantidad de reacciones que resulta imposible abarcarlas todas en una crónica de tres o cuatro páginas. Trataré, hasta donde sea posible, de ofrecer a nuestros seguidores una síntesis de lo más significativo. Un compendio de aquello que mejor resalte la profundidad de su pensamiento, la belleza de sus versos íntimamente arraigados en la naturaleza, el vínculo ancestral y sagrado entre el pueblo mapuche al que pertenece Chihuailaf y la madre tierra.

Para hacernos cargo de la parte estrictamente formal de la noticia, comenzamos con la nota escrita por Abril Becerra para la página digital Resumen Latinoamericano, intitulada "Elicura Chihuilaf: el reconocimiento de una voz ancestral". Dice Abril:

"Este martes, el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio decidió, por medio de una inédita reunión virtual, reconocer al poeta Elicura Chihuailaf (68) con el Premio Nacional de Literatura 2020.

La determinación, que fue zanjada por mayoría simple, se dio en medio de un intenso debate respecto de si el galardón debía caer en manos de una escritora. No obstante, pese a las campañas surgidas de la mano de organizaciones como el colectivo Autoras Chilenas (Auch), el premio terminó por homenajear a uno de los escritores, cuya obra ha permitido difundir el universo de la cultura mapuche.

En ese sentido, la ministra Consuelo Valdés indicó que el galardón tributa la “vasta trayectoria” de Elicura así como “su capacidad de instalar la

tradición oral de su pueblo en una escritura poderosa que trasciende la cultura mapuche”.

“Con maestría y haciendo uso de una expresión muy propia ha contribuido de forma decidida a difundir su universo poético en todo el mundo, amplificando la voz de sus ancestros”, dijo la secretaria de Estado.

Desde Asturias, el autor agradeció el galardón, indicando que en su palabra descansan las voces de sus antepasados y que hoy, más que nunca, es necesario avanzar hacia la pluriculturalidad.

“El autor es apenas un pequeño camino de la enseñanza de nuestros antepasados”, dijo, agregando que el reconocimiento también permite visibilizar la deuda que el Estado chileno ha mantenido con el pueblo mapuche.

“Todos queremos el desarrollo, pero qué desarrollo. La palabra poética dice que nosotros como mapuche queremos ese desarrollo, pero no en contra de la naturaleza”, afirmó el escritor.

Origen y presente

Elicura Chihuailaf nació en 1952 en la comunidad de Quechurewe de La Araucanía. Hijo de un profesor normalista y dirigente social, comenzó a escribir cuando cursaba la carrera de obstetricia en la Universidad de Concepción. “Cuando yo ya me había titulado de la Universidad de Concepción y decidí no ejercer, mi padre me expresó su preocupación y yo dije que me había atrapado el quehacer de la escritura y que había aprendido la poesía de su labor como líder, como autoridad que intenta vincular el mundo mapuche con el mundo chileno profundo”, comentó Chihuailaf, a Radio Universidad de Chile en una entrevista dada en 2017.

Su primer libro fue El invierno y su imagen (1977). Luego vinieron títulos como En el país de la memoria (1988) y De sueños azules y contrasueños (1995), obra que fue reconocida con el premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura para la Mejor Obra Literaria. Más tarde publicaría un ensayo que establecería un diálogo entre la cultura chilena y la mapuche: Recado confidencial a los chilenos (1999). Recientemente, también publicó El azul del tiempo que nos sueña (2020), texto que aborda temas astrofísicos y medioambientales.

Durante su trayectoria, el escritor ha sido un férreo defensor de su cultura. En ese sentido, durante su premiación, señaló que hoy, más que nunca, es necesario establecer un diálogo cercano con el pueblo mapuche. “Este Premio Nacional pondrá énfasis en que la naturaleza nos está dando una oportunidad que es que conversando podamos avanzar hacia el ancho camino del buen vivir”, manifestó.

Por su parte, Marco Fajardo ha escrito en El Mostrador lo siguiente:

"Agradezco la confianza", señaló Chihuailaf en un primer momento, al conversar con la ministra de Cultura Consuelo Valdés telefónicamente desde Asturias, España, al reiterar que en un "momento tan tremendo que vive el mundo, la naturaleza nos ha dado una dura advertencia", y que esperaba que "conversando podamos avanzar en el buen vivir".

"No soy yo quien habla únicamente, el autor es apenas el pequeño camino de lo que es la enseñanza de lo que es la palabra de nuestros antepasados", expresó.

Asimismo, pidió al "Estado de Chile a abrirse a escuchar a la realidad que vive el pueblo mapuche. La lucha nuestra es por ternura", señaló en referencia al conflicto en la Araucanía.

El mundo literario, por su parte, saludó el premio al poeta.

"En su poesía valoriza la ternura, bajo la idea de que 'la defensa de nuestra tierra tiene que ver con la ternura', como dice él mismo", expresó Magda Sepúlveda, académica de la UC.

La especialista destacó especialmente su libro "Recado confidencial a los chilenos" (LOM, 1999), "donde describe los géneros de la literatura mapuche". "Todos esos géneros son un aporte a la literatura que se hace en el territorio chileno. Es un premio muy merecido por ese aporte. Además es un poeta bilingue, mapudungún y español de Chile, ambas lenguas se enriquecen".

El editor y autor Galo Ghigliotto, por su parte, expresó que es "un premio absolutamente merecido, oportuno. Elicura Chihuailaf es un poeta de talla mayor y con presencia internacional, además de un representante del pueblo mapuche, con el que siempre estaremos en deuda. Un premio justo, en todos los sentidos".

Luis Cárcamo-Huechante, académico mapuche-williche, miembro de la Comunidad de Historia Mapuche y profesor en la Universidad de Texas en Austin, por su parte, expresó:

"Este Premio Nacional de Literatura hace un importante reconocimiento literario a un poeta del Wallmapu (el país mapuche). Pero al mismo tiempo emplaza al propio Estado chileno a hacerse cargo de la pendiente justicia histórica con un pueblo que sigue luchando por sus territorios y contra el encierro de las cárceles, el asedio policial y la invasión del extractivismo".

"Elicura Chihuailaf es un poeta que, desde sus primeros textos de fines de los ‘70, ha sido capaz de llevar a la escritura la riqueza de vida, lenguaje e historia propia que posee el Pueblo Mapuche en sus resistentes lazos con el territorio. Junto a otros y otras poetas como Leonel Lienlaf, Jaime Huenun y Roxana Miranda Rupailaf, Chihuailaf ya ocupa un sitial mayor en la literatura del Wallmapu y en relevar el 'sueño azul' de todo un pueblo. Proveniente de Kechurewe, Cunco, Chihuailaf testimonia a través de su palabra poética y política la persistencia de conocimientos y valores que sobreviven al despojo y al colonialismo. Esta premiacion es para él pero también se debe a los poderosos valores creativos de un pueblo y sus luchas anticoloniales de resistencia y vida", añadió.

Postulado por la UC

El escritor, poeta y oralitor bilingüe fue postulado por la Universidad de La Frontera y la UC, en vista de la calidad de su poesía, por la cual ha recibido los premios más importantes a nivel nacional y además le ha dado un amplio reconocimiento internacional.

"Nos sentimos muy contentos como Universidad, por haber postulado este año al poeta Elicura Chihuailaf al Premio Nacional de Literatura y que él lo haya obtenido hoy. Es un día histórico por ser el primer poeta mapuche en recibirlo, lo que se debe sin duda a su gran poesía, a su permanente diálogo y a la impactante labor educativa e intercultural que él ha desarrollado durante tantos años", afirmó el rector de la UC Ignacio Sánchez.

Por su parte, el decano de la Facultad de Letras Patricio Lizama, explica que “nuestro respaldo se funda en la calidad de la obra poética y ensayística de Chihuailaf” y en su larga y fructífera relación con la Universidad Católica y en particular con la Facultad de Letras, la que se ha expresado en la formación de sus estudiantes, a través de la cátedra Escritor en Residencia en 2011, y en su participación en diversos cursos y congresos de poesía a lo largo de quince años”. Y agrega que “su creación es estudiada con gran interés en cursos, seminarios y tesis de pre y posgrado”.

De acuerdo a la académica de la UC Paula Miranda, especialista en su obra, “la poesía de Elicura Chihuailaf tiene la potencia de una palabra arraigada en la cultura mapuche, pero en contacto pleno con las adversidades del mundo actual. Su riqueza cultural y estética es en gran parte producto de ese enraizamiento en el conocimiento mapuche y en el mapudungun, en el vínculo con la naturaleza, con la memoria y el sueño. Por eso es importantísimo este reconocimiento, pues es una oportunidad para evidenciar todas las posibilidades que nos ofrece esta poesía, en su búsqueda del ‘buen vivir’ y en su permanente ´lucha por la ternura’ y por encontrarnos en la conversación”.

Según la carta de los adherentes, “lo que se reconocería con este Premio sería no solo una obra magnífica, sostenida y múltiple, única en su género, si se piensa solo en dos de sus libros más imprescindibles (De Sueños Azules y contrasueños y Recado confidencial a los chilenos), sino un proyecto nacional e intercultural, de diálogo y reconocimiento entre dos pueblos y lenguas, y también con otras culturas en América, Europa, Oceanía y Asia. Un proyecto que se mantendrá vivo para siempre tanto en Chile como en el resto del mundo”

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"Su poesía trasciende los límites de las creaciones individuales"

A este documento también se suman otros textos profundos y personales como el de Raúl Zurita, quien a través de un escrito de 2016, señala tres razones por las que Elicura Chihuailaf debía ganar el Premio Nacional de Literatura.

En la primera de ellas, indica que “Elicura Chihuailaf no solamente es uno de los más extraordinarios poetas contemporáneos, sino que su poesía trasciende los límites de las creaciones individuales para ser la expresión del pueblo mapuche; de su cosmovisión, de su profunda relación con la naturaleza y con su entorno, de su espiritualidad; valores cruciales que la institucionalidad de Chile se ha empeñado en ignorar, en discriminar, en agredir, introduciendo la violencia donde no la había. El resultado ha sido solo empobrecernos, privarnos como país de una de las cosmovisiones más luminosas del planeta, desconocer nuestras raíces y empequeñecer nuestra propia historia...

Premiar a Elicura Chihuailaf es un acto de justicia literaria pues es el mejor entre sus pares, pero también es un acto de resarcimiento que abre, y esta vez sí, un verdadero diálogo”, señala Zurita.

Por último, la carta masiva apuntaba que “sería una oportunidad histórica que Elicura Chihuailaf se convirtiese en el primer poeta mapuche en recibir el Premio más importante de nuestras letras, pues nunca antes, en su ya larga historia, este galardón (ni ningún otro Premio nacional en ninguna otra disciplina) ha recaído en un representante de alguno de nuestros nueve pueblos originarios, pese a que nuestro Estado se reconoce como pluricultural y multiétnico. En este sentido, al día siguiente de esta premiación a Elicura Chihuailaf, Chile sería un país un poco más justo y digno”.

Responde el poeta íntimo

-El asumir el hecho de ser poeta ¿es una prolongación de la naturaleza poética de tu pueblo o, tal vez, es el mapuche aucan (rebelde) que esgrime la poesía para hacerle frente al devenir de la historia?

-No sé si lo primero, pero no lo segundo, al menos como un hecho conciente. Creo que es algo mucho más ¿simple? Intentaré responderte con una mínima claridad.

La conocida rebeldía de mi gente surge del atropello que significó la invasión. Con mi padre pensamos que tal vez nuestros antepasados en medio del combate gritaban ¡awka! ¡awkan! de allí que tal vez los "conquistadores" dijeran: son aukan, pluralizando luego en "aucanos" para terminar castellanizando en "araucanos". Luego viene la ocupación militar de nuestro territorio a finales del siglo pasado, con ella los asesinatos, las desapariciones, la tortura, la usurpación de nuestras tierras, el establecimiento de la "reducciones". Pero seguimos librando pequeñas batallas. Así podríamos hoy decir que nuestra gente es mapuche y araucana: Gente de la tierra y rebeldes.

Poco han cambiado las cosas, aún a finales del siglo veinte. Contra todo cálculo de los estrategas del Estado chileno -empeñados en blanquear el país, del que primero nos obligaron "administrativamente", a formar parte-, el pueblo mapuche sigue existiendo, y recreando su cultura que ya no puede ser mitificada, ni ocultada. Yo pertenezco a ese pueblo: soy mapuche, también mi mujer y mis hijas. El que -al igual que otras hermanas y otros hermanos- me asuma como poeta y como mapuche es quizás un hecho que la historia esgrimirá para la poesía de nuestras futuras generaciones.

-¿La poesía constituye entonces una posibilidad en el rescate, defensa y dignificación de tu pueblo?

-La poesía para mí -y te repito casi textualmente lo que respondí en una entrevista al escritor Juan Pablo Ampuero (revista "Círculo Azul" de Temuco)- es una manera de ver la vida y también de vivirla. Es una sola cosa, Siempre digo que ella es una necesidad, una parte de mi ciclo vital, que me ha llevado hasta lo que hoy he podido alcanzar. No porque me lo haya definido como meta, sino que simplemente como un respirar natural (como amar, comer, beber), un mundo -en apariencia- casi imperceptible, al punto que a veces no nos damos cuenta que está con nosotros. Pero es un acontecer cotidiano movido siempre por la memoria de mis antepasados, mi gente, la familia, los amigos, el mundo que me rodea.

Por las noches oí los cantos, cuentos y adivinanzas a orillas del fogón, respirando el aroma del pan horneado por mi abuela, mi madre, o la tía María, mientras mi padre y mi abuelo -lonko de la comunidad- observaban con atención y respeto. Hablo de la memoria de mi niñez y no de una sociedad idílica. Allí, me parece, aprendí lo que era la poesía. Las grandezas de la vida cotidiana, pero sobre todo sus detalles, el destello del fuego, de los ojos, de las manos. Sentado en las rodillas de mi abuela oí las primeras historias de árboles y piedras que dialogan entre sí, con los animales y con la gente. Nada más, me decía, hay que aprender a interpretar sus signos y a percibir sus sonidos que suelen esconderse en el viento.

También con mi abuelo compartimos muchas noches a la intemperie. Largos silencios, largos relatos que nos hablaban del origen de la gente nuestra, el primer espíritu mapuche arrojado desde el Azul. De las almas que colgaban en el infinito, como estrellas. Nos enseñaba los caminos del cielo, sus ríos, sus señales. Digo, en "Sueño Azul".

-En los programas educacionales se incluye el estudio de la historia de Chile y universal, pero poco se considera lo referente a la cultura mapuche ¿a qué atribuyes este "descuido"?

-Traigo nuevamente a la memoria algo que he citado en otras oportunidades. Se trata de la presentación del Estado chileno en 1915: "Los indígenas de Chile eran pues escasos, salvo en la región sur del valle longitudinal, esto es, en lo que después se llamó Araucanía. Por otra parte, las condiciones del clima muy favorables al desarrollo y prosperidad de la raza blanca, hizo innecesaria la importación de negros durante el período colonial... A estas circunstancias debe Chile su admirable homogeneidad bajo el aspecto de la raza. La blanca o caucásica predomina casi en absoluto, y sólo el antropólogo de profesión puede discernir los vestigios de la sangre aborigen, en las más bajas capas del pueblo".

Chile, especialmente su oligarquía, sólo se "identifica" (es sabido) -en el extranjero- con el araucano mítico, pero en ningún caso con el mapuche, a quien por sus luchas por reivindicar sus territorios, su idioma, su cultura, su autonomía -el desarrollo de su historia actual ­ve como a un "subversivo". Si no olvidamos cómo se va agravando la situación en nuestra zona pewenche o lo que está sucediendo en Chiapas, o los ataques aéreos a poblaciones civiles shuar en el conflicto peruano­-ecuatoriano, por ejemplo, podemos comprobar -una y otra vez- que Chile, como casi todos los países de este continente, está aún lejos de aceptar -de manera real y profunda la diversidad cultural y su propia morenidad.

Hay prácticamente un total desentendimiento de lo positivo, del gran enriquecimiento que eso significaría. Sumidos en el triunfalismo, en el egoísmo, la vanidad del libre mercado, se siguen cerrando las puertas al diálogo, la posibilidad del verdadero crecimiento. Ello implicaría -entre otras muchas cosas- un cambio en el enfoque de la historia chilena, que ya no podría hablar, por ejemplo de "Pacificación de la Araucanía". Y no es la manifestación de un imposible, es nada más la manifestación de una esperanza, de un camino posible -aunque lejano- en la medida de la sensibilización de un importante sector de la sociedad chilena, del pueblo chileno. ¿Pero hay otra historia que se contraponga a la oficialista ya conocida? Recordemos que hasta la historia del movimiento obrero chileno permanece en el desconocimiento de los estudiantes.

Por eso, también los mapuches tenemos una tarea fundamental que realizar: La escritura de la historia de nuestro pueblo, por nosotros mismos. Es algo fundamental, ineludible, a la que -tengo la impresión- aún no se ha dado inicio. Estamos todavía entre la oralidad y la escritura, es cierto; pero también es cierto que, la historia se va constituyendo en el pilar fundamental de reafirmación de nuestra "identidad".

-¿El racismo se ha constituido en un muro infranqueable para el desarrollo y proyección de la poesía y de los poetas mapuches?

-Chile es, ya lo dije, un país tremendamente racista. No hay duda. Manifiesta su racismo solapado contra todos los grupos "minoritarios", especialmente contra nuestra nación que fue transformada en grupo minoritario por el Estado chileno.

Aquí ha habido un encubrimiento, un ocultamiento, de nuestras culturas por el hegemonismo de la cultura dominante. Pero nuestro interés, me parece, no ha sido salvar muros para proyectamos hacia el mundo chileno como la expresión parcelada de nuestra cultura, sino de permanecer en la recreación de su totalidad, y de dialogar -hasta donde sea posible- desde esa posición con la cultura chilena y con otras también. Creo que nunca hemos pensado que la nuestra sea "la" cultura que reencatará al mundo, como lo ha señalado alguien -como otra forma de racismo­ sino una más (al mundo lo reencantan todas las culturas o ninguna). Nosotros sí reclamamos y luchamos para seguir viviendo en ella. Su memoria es nuestra escritura, que de otro modo no existiría. Es su visión del mundo la que deseamos dejar corno herencia a nuestros hijos, así como nosotros la recibimos de nuestros mayores.

El racismo no puede silenciar los cantos de nuestra gente, a orillas del fogón, hablando del origen de nuestros antepasados, del primer espíritu mapuche arrojado desde el azul. El racismo, sumado a otras circunstancias como el colonialismo por ejemplo, sí influye de alguna manera en la puesta en movimiento del denominado "mito" de Trentren y Kaikai: La pelea cotidiana en cada uno de nosotros- de Trentren (la serpiente que salva a nuestra gente) y de Kaikai (la serpiente que nos pierde). Digo: dormido va el mar en nosotros, y despierta la montaña. Por eso el racismo no puede acallar el silencio cordialmente vociferante de la escritura de nuestras hermanas y hermanos en la ciudad o en el campo; porque, como alguien dijo, "la poesía es una salva por el porvenir".

Elicura Chihuialaf, es la voz poética que emerge con un cargamento de sueños azules y con la savia de la humanidad navegando en sus versos, para cantarle a la vida, al hombre y su destino.

Ojalá la Tierra se poblara de tigres-pumas (Chihuailaf) tan humanos y poetas como este mapuche Azul, que esgrime la luz de la hermandad para señalarnos los caminos de la justicia y del amor.

* Publicada en Revista Literaria Rayentru Nº8 marzo-abril de 1995.

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