Kast activa el primer muro militar fronterizo a gran escala en Sudamérica
A solo una semana de haber asumido la presidencia, el ultraderechista José Antonio Kast ya comenzó a cumplir una de sus mayores promesas de campaña, su ofensiva contra la migración, fenómeno que califica como uno de los principales problemas del país.
Despliegue militar
El proyecto, denominado “Plan Escudo Fronterizo”, se oficializó en el Complejo Chacalluta, en el límite de la región de Arica y Parinacota con Perú. Entre militares y retroexcavadoras, Kast enfatizó, “Queremos usar las retroexcavadoras para construir un Chile soberano... vulnerado por la inmigración ilegal, por el narcotráfico y el crimen organizado”. Con esto el presidente logra agrupar el fenómeno migratorio en la misma categoría que delitos graves, lo que le permite validar un despliegue militar de gran escala en la zona fronteriza.
Bajo esta premisa, firmó un decreto que incrementa los medios militares en la macrozona norte, y serán el Cuerpo Militar del Trabajo (CMT) del Ejército es quien ejecuta la obra. Incluyendo vigilancia con drones, cámaras térmicas y sensores ópticos. El plan contempla modificaciones al DFL N°1 de 2023 sobre las Reglas de Uso de la Fuerza (RUF).
Este despliegue ha despertado serios temores sobre un posible uso desmedido del poder militar contra civiles, dado que la norma ya faculta a las fuerzas armadas para realizar controles de identidad, registros de vestimenta o equipaje y la detención de personas.
Alineación internacional
Kast ha justificado este endurecimiento a nivel político y afirma que la migración ha sobrepasado los servicios básicos, “¿Cuál ha sido el costo para Chile? Lo conocen nuestros compatriotas en salud, listas de espera en educación y la vivienda, que se ha vuelto casi un imposible”.
Para el analista internacional Gilberto Aranda, en declaraciones para CNN, la medida es un claro guiño a la administración Trump, con la que Kast mantiene una "plena coincidencia" ideológica. Según el experto, existe una alianza acorde a los intereses de su administración que refuerza un tipo de relación subordinada por parte de América Latina. El gobierno ha dado un plazo de 90 días para levantar estas barreras en las tres regiones del norte, aunque sin precisar aún los detalles técnicos de la infraestructura.
La construcción de una barrera de esta envergadura y carácter estrictamente militar no tiene precedentes en la historia de América del Sur, marcando un quiebre con la tradición de integración regional y diferenciándose de muros menores construidos previamente en el continente, como los de Ecuador o Brasil.
