No existen razas humanas, pero sí existe racismo

Escrito por Washington Darío Pérez López
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El racismo ha sido uno de los temas más discutidos en los últimos días debido a la conmoción que causó la muerte de George Floyd, ocurrida a causa de un arresto violento en Estados Unidos el pasado 25 de mayo. A raíz de esto, vale la pena reflexionar sobre lo que significa este concepto y las ideologías en las que está basado.

Empecemos por “raza”, una idea que ha sido muy influyente en el rumbo de la historia, pero que ahora es rechazada por la mayoría de científicos. Razas pueden ser definidas como divisiones en las que se pretendía clasificar a los seres humanos en base a diferencias físicas visibles. Cada raza, se creía, no compartía solo tipo de apariencia, sino características intangibles como temperamento, moral y habilidad. Además, se ordenaban estas razas en una jerarquía, siendo la “raza blanca” superior a todas.

En la actualidad, esta categorización racial es considerada sin valor científico por la gran mayoría de expertos. Es cierto que algunos rasgos físicos —como color de piel, tipo de pelo y características faciales— se encuentran agrupados en poblaciones particulares. Sin embargo, se ha abandonado el intento de clasificar a personas en razas en base a esto por varias razones.

El principal motivo es que se ha demostrado que la variación genética total dentro de poblaciones que comparten rasgos visibles es igual de grande que la variación genética entre distintas poblaciones. Por lo tanto, no tiene sustento científico el pensar que el tipo de apariencia física puede predecir otras propiedades como temperamento, moral y habilidad. Más bien, varios especialistas argumentan que estas características son, en gran parte, transmitidas social y culturalmente, antes que ser innatas. Todos estos hallazgos, además, dejan sin validez la idea de una raza superior.

En consecuencia, raza puede ser considerada como una construcción social producida por racismo. Es decir, la creencia en que personas pueden ser clasificadas en razas en base a propiedades biológicas, y que unas razas son superiores a otras. Esta presunción suele estar basada en rumores y especulaciones, más que en evidencia real, y puede llevar a que se discrimine —trate de manera desigual y prejudicial— a aquellos grupos que se consideran inferiores.

Esto quiere decir que, aunque se rechace científicamente la existencia de razas, no se puede negar la existencia del racismo que las produce. En realidad, el racismo ha venido teniendo consecuencias sociales palpables durante varios siglos, ya que históricamente ha sido utilizado para legitimar la explotación o la exclusión de ciertos grupos por parte de otros. Ejemplos de esto son la exclusión de poblaciones indígenas en la América colonial o la esclavitud de personas con descendencia africana en varios lugares del mundo.

Hoy en día, se siguen notando sus consecuencias en las desventajas socioeconómicas que persisten entre personas con ciertos rasgos físicos. En Estados Unidos, por ejemplo, la pobreza entre afroamericanos es más del doble que entre “blancos”. Esta situación —aparte de ser consecuencia de la esclavitud y la segregación racial, legales hasta respectivamente 1865 y 1964— es reproducida por ideologías de raza aún existentes que perjudican a la población afrodescendiente, la cual se tiene que enfrentar a varios obstáculos estructurales para mejorar su condición.

En la sociedad estadounidense, como en otras, se ha argumentado que el racismo está tan impregnado en sus estructuras que se puede hablar de la existencia de racismo institucional. Esto se refiere a que instituciones como el sistema de salud, el sistema educativo o la policía, promueven políticas que favorecen ciertos grupos mientras discriminan a otros. En cuanto a la policía, ésta ha venido siendo objeto de crítica por la cantidad desproporcionada de casos en los que sus efectivos han empleado violencia contra personas afrodescendientes.

El último de estos episodios violentos fue el de George Floyd, ciudadano afroamericano que murió asfixiado debido a la forma en la que fue arrestado. Este suceso ha vuelto a centrar la atención sobre la práctica policial en Estados Unidos y sobre el racismo y la discriminación que siguen teniendo consecuencias negativas para la población afrodescendiente. Este caso muestra además que estas actitudes pueden ir más allá de afectar el estatus socioeconómico de los grupos afectados: pueden incluso poner en peligro su vida.

Por todo lo expuesto, reitero. Aunque no existan razas humanas, sí existe racismo, y este ha perjudicado históricamente a grupos que han sido estigmatizados debido a creencias sin sustento científico. Este, además, continuará afectando y poniendo en peligro la vida de seres humanos mientras se siga creyendo que unos valen más o menos que otros por su color de piel.