La vacuna de Moderna, con eficacia de 94.5 por ciento

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La empresa de biotecnología estadunidense Moderna anunció ayer que su vacuna contra el Covid-19 tiene una eficacia de 94.5 por ciento para reducir el riesgo de contraer la enfermedad, similar a la efectividad de 90 por ciento anunciada la semana pasada por la alianza Pfizer y BioNTech.

Una ventaja clave del biológico de Moderna es que no necesita como la de Pfizer almacenarse a menos 70 grados centígrados, el tipo de temperatura típica de un invierno antártico, lo que facilita su distribución.

Moderna espera que sea estable a temperaturas estándar del refrigerador de 2 a 8 grados Celsius durante 30 días y se puede almacenar hasta 6 meses a menos 20 grados.

En los ensayos clínicos, 90 participantes del grupo placebo contrajeron el Covid-19, frente a cinco del grupo vacunado, según el análisis de los primeros casos. Por lo que el riesgo de contraer la enfermedad se redujo en 94.5 por ciento en los que fueron inoculados con respecto a los que no.

Si este nivel de eficiencia se mantuviera en la población general, se trataría de una de las inyecciones más eficaces que existen, comparable a la de la rubeola, eficaz en 97 por ciento cuando se aplican dos dosis, según los estadunidenses Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

“Este análisis intermedio positivo resultante de nuestro ensayo fase 3 nos da las primeras indicaciones clínicas de que nuestra vacuna puede prevenir la enfermedad del Covid-19, incluida la forma grave”, se congratuló en afirmar el jefe de Moderna, Stéphane Bancel.

Los fármacos de Pfizer y Moderna usan la nueva tecnología conocida como ARN mensajero o ARN, que son hebras de instrucciones genéticas, que se inyectan en el cuerpo, las cuales son células que usan para producir la proteína de pico que el coronavirus usa para invadir las células.

Estas proteínas, inofensivas en sí mismas, serán liberadas por nuestras células tras recibir las instrucciones de la vacuna, y el sistema inmunológico en respuesta producirá anticuerpos.

Estos anticuerpos permanecerán de guardia durante mucho tiempo, según se espera, con la facultad de reconocer y neutralizar el coronavirus en caso de que infecte.

Con este nuevo método no hay necesidad de cultivar un patógeno en el laboratorio, porque es el organismo el que hace la tarea. Es por esta razón que estas vacunas se desarrollan más rápidamente. No se necesitan células ni huevos de gallina (como con las vacunas contra la gripe) para fabricarlas.

(La Jornada)