Chile: Acusación constitucional contra jueces de la Corte Suprema

Escrito por Jorge Romero
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El caso fué presentado el pasado miércoles 22 de agosto por la página Cooperativa.cl de la siguiente forma: "Este miércoles, la oposición realizó la presentación formal de su acusación constitucional contra tres jueces -Carlos Künsemüller, Hugo Dolmestch y Manuel Valderrama- de la Corte Suprema por "notable abandono de deberes" por la entrega de libertades condicionales a varios detenidos en por delitos de lesa humanidad.

La presentación, respaldada por las bancadas de la oposición, fue realizada por la diputada Carmen Hertz (PC) quien fue escogida como vocera de esta iniciativa.

"Hoy estamos haciendo uso de esta herramienta, a la cual estamos obligados porque se ha vulnerado el orden internacional y con esto se pone al Estado de Chile en una situación de vulnerabilidad", aseguró la parlamentaria.

"No estamos invadiendo, como se ha pretendido (decir), ninguna autonomía judicial. Esta acusación constitucional no tiene por objeto ni revisar un fallo, ni corregirlo, no es ese el objetivo de la acusación constitucional, sino hacer objetiva la responsabilidad política que nosotros estimamos existe en estos tres magistrados que han vulnerado las normas del orden internacional, ni más ni menos que en la protección de los derechos humanos", agregó. La acusación tiene dos capítulos. El primero habla de falta de control de la convencionalidad que tienen que tener los jueces; y el otro es por haber entregado la libertad "sin los requisitos que establecen los organismos internacionales".

Ahora se debe dar cuenta de la acusación en la próxima sesión de sala, en que se debe sortear a los cinco integrantes de una comisión ad hoc que se pronuncie de su pertinencia.

En caso de éxito de los parlamentarios en esta acusación constitucional, el Presidente Sebastián Piñera tendría que proponer los remplazos que tendrían que ser aprobados por el Senado".

Lo que yo pretendo transmitir en este comentario es mi más profunda convicción de la justeza de dicha acusación,, basada en principios morales y profundamente humanos, pensando en las víctimas, en los terribles sufrimientos a que fueron sometidas y en la responsabilidad social que debe guiar en todo momento nuestras conductas en tanto seres humanos.

Se han invocado los derechos humanos para otorgarles el beneficio de la libertad condicional a estos entes despreciables, cuando de su ilimitada crueldad, de su negativa a pedir perdón o arrepentirse, se desprende con meridiana claridad que no se trata de seres humanos sino de monstruos, que volverían a hacer lo mismo, aún más crueles si eso fuera posible si tuvieran una nueva oportunidad de practicar su insanía.

Tuvieron un poder absoluto sobre sus víctimas, sobre sus cuerpos, sobre sus sueños, sobre sus ansias de vivir. Pudieron arrancarles con alicates las uñas de pies y manos, violar a mujeres y hombres, utilizar perros amaestrados para cumplir con este propósito, aplicar electricidad en las partes más sensibles del cuerpo, desde los pies, los testículos, el pene o la vagina, los sobacos, la lengua, los ojos o los oídos. Pudieron aplicarles el submarino o el pau de arara aprendido de torturadores brasileiros y muchas otras formas de tortura absolutamente reñidas con la humanidad.

Y cuando las víctimas no se morían en la tortura, volaban en sus helicópteros Puma hacia el océano, les habrían el estómago a cuchilladas, aún vivos, para que no flotaran y para asegurarse aún más de que no saldrían a la superficie los lanzaban al agua con un pedazo de riel amarrado con alambres a sus espaldas.

Si a esos monstruos se les hubiera condenado a muerte, fuera fusilándoles, ahorcándoles o utilizando algún gas o la silla eléctrica, de cualquier modo, se mire por donde se mire, ese castigo hubiera quedado muy por debajo de la crueldad que ellos les aplicaron a sus víctimas.

Y es a esos monstruos despreciables a quienes esos tres jueces, convertidos ahora en cómplices, les han otorgado la libertad. La Corte Suprema queda así convertida en la suprema verguenza de Chile y los chilenos. Y se repetirá si no hacemos algo.

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