Noruega: La familia Abassi y el Día Mundial de Refugiado

Escrito por Maru Sánchez
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El pasado 20 de junio se celebró el Día Mundial del Refugiado, instaurado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2000. Este año la fecha en Noruega estuvo enmarcada por un caso particular, el de la familia Abassi (foto) que fue deportada del país.

La familia

Esta familia se compone de la madre, Aefa Rezaie, y tres hijos: Yasin (22), Taibeh (20) y Ehsan (16), originarios de Afganistán y que en 2012 llegaron a Noruega con un permiso de residencia temporal que les fue concedido mientras se encontraban en Siria desde 1998. Más tarde, ya en Noruega y mientras esperaban sus permisos de residencia permanente, el esposo y padre de familia también pidió asilo en el país.

Originalmente a Aefa Rezaie y sus tres hijos se les había otorgado la residencia temporal con el argumento de que no sabían dónde estaba el padre y por lo tanto no contaban con la protección masculina en su país. Esto en Afganistán significa que la madre y sus hijos no tenían manera de sobrevivir en aquella tierra, donde la esperanza de vida para las mujeres es de 44 años, además de que su existencia es siempre vulnerable debido a las prohibiciones de trabajo y libre tránsito para ellas.

Es así que a los ojos de la autoridad de la inmigración en Noruega (Utlendingsnemnda - UNE) la aparición del padre cancelaba esa vulnerabilidad y hacía innecesaria su permanencia aquí. La familia fue notificada de la negación y emplazada a abandonar el país. A partir de entonces, la comunidad de Trondheim, que es donde han residido desde su llegada, se volcó a apoyarles para impedir su expulsión; tanto la escuela a la que Taibeh y Ehsan asistían, como sus vecinos, amigos y la comunidad en general organizaron conciertos, marchas y mítines para pedir que se revocara la decisión de abandonar Noruega. Además la familia contó con un abogado que en 2015, 2017 y 2018 apeló la decisión de UNE. Sin embargo de eso funcionó y el pasado mes de marzo la familia recibió la noticia definitiva de su expulsión a Afganistán.

Deportados

El sábado 15 de junio los Abassi fueron despertados a las 5 de la mañana por un grupo de la policía y de autoridades de migración con el fin de concretar su salida obligatoria del país, lo que causó una fuerte reacción de la sociedad y los medios. La forma en que esta operación fue hecha causó numerosas críticas, sobre todo el hecho de que para llevarse a la familia, primero a Turquía y después a Kabul, se rentó un avión charter privado. Por si fuera poco, la madre presentó un cuadro tal de estrés que se desmayó y permaneció inconsciente durante todo el viaje, por lo que tuvo que ser retornada de Estambul a Oslo de inmediato, dejando solos a sus tres hijos para ser trasladados hasta un país en el que, al menos los dos menores, jamás habían puesto un pié. El escándalo se incrementó al darse a conocer que el costo total de la operación fue de tres millones de coronas noruegas.

Mientras Aefa Rezaie era retornada a Noruega, Yasin, Taibeh y Ehsan llegaron a Afganistán, donde las autoridades se negaron a recibirlos por no contar con papeles de aquel país, es decir, no se podían hacer responsables de dos jóvenes y un menor que no son sus ciudadanos, que no conocen la cultura ni el idioma y que no cuentan con un solo lazo familiar que los reciba. Así pues, los tres fueron devueltos a Estambul. Todo esto mientras el Consejo de la Ética Médica (Rådet for legeetikk) y Amnistía Internacional Noruega presentaban quejas públicas por la actuación de las autoridades, a pesar del estado de salud de la madre y de la exposición de vulnerabilidad de sus hijos. “Usar su conocimiento médico para decir que una persona que se encuentra en coma está apta para viajar es incorrecto,” declaró Svein Aarseth, de la organización médica Legeforening el jueves 18 de junio, mismo día en que los hijos de la familia Abassi fueron devueltos a Oslo.

Futuro incierto

Hoy en día la familia está de vuelta en Trondheim y su abogado, Erik Vatne, ha declarado que llevará el caso nuevamente a UNE y pedirá la anulación de la decisión de deportación para que la familia pueda vivir en el país legalmente mientras se resuelve el caso. Sin embargo nada es alentador para la familia, que por ahora prefiere guardar silencio y pide se respete su tranquilidad, mientras les dure.

(Con información de VG, NRK, Aftenposten y diario Adressa)