Los hijos de la guerra

Escrito por Maru Sánchez
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En abril pasado dos mujeres, una finlandesa de origen somalí y una sueca, rescataron a siete niños y niñas de las garras de la guerra en el último bastión del EI en Baghouz, Siria. Los padres de esos niños y niñas, Amanda González y Michael Skråmo, habían muerto peleando por el EI. Ella era chilena-sueca y él, noruego.

Mas allá de la familia

Cuatro de esos niños habían nacido en Suecia y los otros tres en Siria, después de que Amanda fue tras su esposo quien estaba convencido de que su misión en la vida era pelear por el Ejército Islámico. Ella se trazó el mismo destino. En 2014 dijo a su padre, Patricio Gálvez, que se iba a Turquía de vacaciones con su familia, cruzó la frontera con Siria y desapareció por un tiempo.

Gálvez cuenta que posteriormente se enteró que su hija estaba en Siria, con toda la familia: Skåmo, sus cuatro hijos y tres más que habían nacido ya en ese país. Desde entonces ambos mantenían comunicación constante y varias veces trató de convencerla de volver a Gotemburgo; sin embargo la respuesta de Amanda era siempre la misma: mi misión es darle hijos al califato. Cuando en enero Patricio se entera de que Amanda murió en el ataque aéreo de la coalición liderada por los Estados Unidos, se da a la tarea de buscar a sus nietos. Tiempo después, en abril, corre la noticia de que el padre de los niños ha muerto también y entonces decide ir a buscarlos a Siria, o donde sea que se encuentren.

Patricio es originario de Chile, músico y poeta radicado en Gotemburgo desde hace mas de treinta años, para él éstos niños y niñas son víctimas inocentes de los errores de sus padres. Es por eso que éste abuelo no puede permitir que sus nietos se queden en un país en guerra o en un campo de concentración, pero para él no solo se trata de un asunto familiar, sino humanitario.

Gálvez enfatizó que el caso debía tratarse más allá de la burocracia, los pasaportes o los papeles, “este es un asunto humanitario y las autoridades suecas están violando las leyes y tratados internacionales que protegen los derechos de la infancia al no permitir el traslado de los niños que se encuentran en los campos de concentración”, declaró ante los medios internacionales como la agencia Efe.

El rescate

Después de varias semanas, Patricio logró localizar a sus nietos y nietas en el campo de concentración de Al-Hol, a donde aquellas dos mujeres los habían llevado después que Skåmo murió, a finales de marzo, en la útima batalla del EI en la localidad de Baghouz, en Siria. A partir de ese momento no descansó hasta lograr ver a los infantes.

Primero le fue permitido visitarlos y estar con ellos tres horas. Gálvez cuenta que las condiciones en que se encontraban eran desgarradoras: enfermos, desnutridos y muy traumatizados. Después de esa visita, no se dio por vencido y siguió luchando por que las autoridades suecas le permitieran llevar a Suecia a los siete niños y niñas, para lo cual permaneció por casi dos meses en la ciudad de Erbil al norte de Irak, desde donde mantenía el contacto con las autoridades Kurdas, quienes manejan el campo de Al-Hol. Desde ahí Patricio dio entrevistas a medios escandinavos e internacionales, por lo que el caso traspasó fronteras. Todo esto con el fin de llamar la atención a lo que él consideraba un asunto de importancia humanitaria e internacional.

Su estrategia dio resultado y la historia logró cuestionar el manejo que las autoridades internacionales dan a los casos similares en todo el mundo, incluso el viceministro de asuntos consulares e inmigración de Chile, Raúl Sanhuenza, declaró que podría establecerse un diálogo con las autoridades suecas para solucionar el caso. También José Sabat, el alcalde de Villa Alemana, la ciudad natal de Gálvez, ofreció recibir a los siete infantes, si el gobierno chileno lograba arreglar el asunto junto con su par sueco.

A mediados de mayo Patricio Gálvez aterrizó en Gotemburgo con sus siete nietos y nietas, y aunque los padres de Skåmo han establecido contacto con él pero no han participado en el rescate, eso parece no afectarle. Ahora la nueva familia se encuentra en una locación secreta, para protección de los infantes y porque, además de felicitaciones, Patricio ha recibido insultos y amenazas de algunas personas en la calle.

La lucha debe continuar

La historia de Patricio y sus nietos y nietas es, como él mismo lo ha dicho, de relevancia humanitaria. Después de éste, han surgido otros casos en Europa, en los que las autoridades se han visto obligadas a repatriar infantes que quedaron huérfanos de padres originarios de países de la región, como el caso de un grupo de doce niños que a principios de junio fueron enviados a Francia, de los cuales dos de ellos tenían padres daneses.

Noruega también ha empezado a tomar las acciones correspondientes: a principios de junio un grupo de cinco niños de padres noruegos, huérfanos todos ellos, fueron recibidos en el país. Las autoridades han declarado que la prioridad es ayudar a que todos ellos se recuperen tanto física como emocionalmente y después se definirá su situación en el país. La organización Red Barna ha declarado que al menos otros cuarenta menores de padres noruegos se encuentran en la misma situación en Siria y que el gobierno debería agilizar los trámites para que todos sean recibidos en el país, no solo los huérfanos.

Con información de Aftenposten, Bergens Tidende, VG, Utrop y Red Barna.

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