La escritura expresiva ayuda a lidiar con pensamientos y sentimientos negativos en tiempos del COVID-19

Escrito por Silvia Gurrola*
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En los últimos 20 años, varios estudios han demostrado que la escritura expresiva proporciona numerosos beneficios a quienes la practican. Volcar momentos de la vida como vivencias, anhelos, planes y sentimientos en tu cuaderno, posee un poder terapéutico, mejorando el estado de ánimo, los niveles de estrés y la salud física.

Ese tipo de escritura es una herramienta que está siempre a tu alcance y puede ser de gran ayuda en momentos de crisis, como es el caso del distanciamiento social a razón de la pandemia actual.

Conocer los beneficios de este tipo de escritura nos permite usarla a nuestro favor, particularmente en momentos de soledad, estrés, frustración, tristeza, aburrimiento, miedo, desesperación o incertidumbre. La escritura puede servir como una válvula de escape porque evita que explotes o te colapses, ya que te permite gobernar y comprender mejor tus sentimientos. Además, facilita una mejor conexión entre tus pensamientos y tus sentimientos. Lo cual previene que entres en conflictos interpersonales innecesarios que sólo te lastimarán a ti y a tus seres queridos.

Si bien la escritura expresiva no es capaz de curar por sí sola una enfermedad, física o mental, si ayuda a quien la practica a adaptarse mucho mejor a una nueva situación, como la crisis generada por el COVID-19. Escribir permite experimentar mayores sentimientos de bienestar, a retomar tus niveles de autoestima y, además, puede contribuir a fortalecer el sistema inmune o algunas funciones fisiológicas.

La escritura expresiva es muy independiente de la escritura literaria. La primera no requiere de buena ortografía o calidad de redacción, pues lo importante es que la utilices como un medio de expresión que te permita aclarar tus pensamientos; priorizar tus necesidades; planear mejor tu tiempo; o canalizar tus sentimientos, incluyendo tu ira.

Para hacer uso de este recurso, comienza con la primera palabra que venga a tu mente y escribe sobre lo que te pasa, lo que duele o te incomoda. Sé honesta/o contigo misma/o y no te censures ni te juzgues. Tampoco sientas miedo cuando aflore algún sentimiento que te desborda. Dirige tu pensamiento por medio de la escritura hacia él. Sí es algo que te hiere, ordénale que se aleje. Pero si se trata de un sentimiento de amor, perdón o esperanza, pídele que te acompañe.

Mientras escribes, conéctate con esa parte sabia que está dentro de ti. Quizá antes has escuchado la voz de tu corazón y hace tiempo que no le haces caso, pero eso no quiere decir que te haya abandonado; aún está allí. Deja que tu sabiduría se exprese al tiempo que escribes y dale la oportunidad de que te aconseje, te inspire, anime o te impulse a algo nuevo y mejor.

Escribe con naturalidad, dejándote ir, no importa si cometes faltas. Que no te importen las palabras rebuscadas, lo importante es la honestidad profunda. Saca lo que necesitas decir: Un reclamo, un hastío, un arrepentimiento un agradecimiento, un perdón. Escribe como si le estuvieras hablando a tu mejor amiga/o. Mantén la certeza de que la escritura no te va a juzgar, ni a traicionar y que estará a tu alcance a cualquier hora del día.

Si por algo tuvieras que interrumpir lo que escribes, no importa. Siempre puedes retomar tus escritos sin que nadie te reclame nada. Recuerda, la escritura es totalmente incondicional y puede ser tu mejor aliada.

Incluso, puedes escribir un diario. Como lo explica Silvia Adela Kohan, investigadora de técnicas de creatividad en literatura y lenguaje, en su libro La escritura terapéutica. "Escribo un diario para luchar contra la cobardía, vaya si es un ejercicio saludable para mí. Soy mi propia interlocutora. Me atrevo a escucharme y tomo nota. Desato nudos. Deshago grumos. Me impulsa el deseo irrefrenable de dar un nuevo significado al mundo". Otro ejemplo excepcional del poder de un diario fue el apoyo constante que le brindó a Ana Frank durante el encierro.

Alternativamente, si lo deseas, puedes imaginar que quien escribe es un ser omnipotente. Deja que ese ser todo poderoso fluya a través de tu pluma y que plasme lo que tenga para ti en tu cuaderno. Al leer lo que escribiste, siempre encontrarás una revelación, un aprendizaje, una forma distinta de ver lo que te acongoja. Siempre hallarás algo bueno y te sentirás mejor. Esto es porque el acto de escribir permite un mejor balance emocional, reduce las emociones negativas y mejora relaciones afectivas.

Escribe en un lugar privado y no pienses que alguien leerá lo que escribes. No obstante, si no quieres que alguien se entere de lo que has escrito porque es algo muy personal y confidencial, ¡arranca la hoja, rómpela, tritúrala y arrójala al cesto de basura, al WC o quémala! El sólo hecho de que hayas escrito una memoria, un sentimiento que sólo te pertenece a ti hará que te reconcilies con tu ser interior.

Foto:Pixabay.

También puedes escribir como si estuvieras contando una historia para no olvidarla. Puedes jugar a escribir intentando susurrarle al oído con a tu mamá, a una amiga o a algún ser querido que está distante o que haya muerto.

Haz un chat dirigido a ti o, si lo prefieres, puedes escribir un diálogo, visualizar diversos escenarios y suponer posibles respuestas. Imaginar cómo resolver un conflicto a través del diálogo te ayudará a estar mejor preparada/o en caso de que tuvieras que confrontar alguna situación, es decir, podrás iniciar un diálogo “poniendo las cartas sobre la mesa” con respeto, sin agresión y sin que llegues con “la espada desenvainada”.

Otra forma de escribir es por medio de cartas dirigidas a alguien para agradecer, para perdonar, para ponerle al tanto sobre tu vida o tus andanzas o incluso para reclamar si fuera el caso. Quizá nunca entregues la carta, pero lo importante es que le has escrito a esa persona que vive en tu mente, en tus recuerdos.

Si lo crees necesario, puedes escribirte a ti misma/o en el momento presente para darte ánimo o bien puedes imaginarte a ti misma/o cuando eras niña/o y le puedes dar un consejo, un mensaje de aliento o el cariño que le faltó a esa persona que dejaste de ser y asegurarle que todo estará bien.

Cuando escribas, es posible que recuerdes experiencias felices o que te lleguen recuerdos que te harán sentir nostalgia o tristeza, sin embargo, siempre puedes elegir cosas positivas o después de que fluya el sentimiento, cierra con un mensaje que te anime, que te recuerde la fortaleza que hay en ti.

Escribe durante unos 15 a 20 minutos a lo largo de 3 a 5 días seguidos y retoma esta práctica cada vez que lo juzgues necesario. Procurando siembre cerrar con una nota positiva. Verás cómo comenzarás a experimentar mejoras en tu estado de ánimo. Todo ello redundará en tu mejoría física y mental.

* Silvia Gurrola es pedagoga y psicoterapeuta especializada en la prevención de la violencia de género. Es autora de novelas pedagógicas y cuenta con más de 20 años de experiencia de trabajo en países como Armenia, Estados Unidos, Ghana, Georgia, Guyana, Honduras, México, Mozambique, Nigeria, Noruega, Tanzania y Zambia.

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