Spaniamonumentet en Oslo: En memoria de los brigadistas noruegos que lucharon en la Guerra Civil española

Escrito por Leandra Brunet
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Un ejemplo de memoria común europea, en la que los destinos de unos y otros se cruzan y entrecruzan en los campos de batalla españoles, fueron también los brigadistas noruegos que junto a voluntarios y combatientes de 53 países llegaron a España a partir del 1936.

Oslo rinde homenaje en el Monumento del parque de Birkelund

Durante el régimen del dictador Francisco Franco alrededor de 200 brigadistas noruegos combatieron contra las fuerzas rebeldes de Franco, de los cuales 110 brigadistas retornaron a Noruega al finalizar la Guerra Civil española, con una baja de 40 combatientes.

Luchando en los campos de batalla del Ebro cayeron los brigadistas Gunnar Skjeseth, Martin Schei, Torbjørn Engebretsen y Odd Olsen, jóvenes demócratas socialistas noruegos que entregaron su vida para que la columna vertebral del fascismo no avanzara por las caderas de Europa.

Con valor y hambre de libertad por los pueblos vecinos el joven noruego Schei emprendió su viaje a España con 18 años sin el consentimiento de sus padres. "La pérdida de la guerra no sólo significa la dictadura fascista en España, o el nacimiento de una colonia de los Estados fascistas, sino una victoria del fascismo en nuestro propio país", escribió este joven brigadista a su hermano antes de caer en el frente de batalla. Schei profetizó la invasión de Noruega por parte de las tropas de Hitler en la Segunda Guerra Mundial.

El conflicto más sangriento

El 17 de julio de 1936 dio comienzo a la Guerra Civil española cuando los generales Emilio Mola y Francisco Franco iniciaron una sublevación para derrocar a la República elegida democráticamente. Los esfuerzos iniciales de los rebeldes Nacionalistas por instigar revueltas militares en toda España solo se lograron parcialmente. En áreas rurales con una fuerte presencia política derechista, los confederados de Franco generalmente ganaron. Ellos asumieron rápidamente el poder político e instituyeron la ley marcial.

Sin duda la Guerra Civil española (1936 a 1939)fue el conflicto más sangriento que Europa occidental había experimentado desde el final de la Primera Guerra Mundial en 1918. La guerra civil desplazó a millones de españoles. En 1939 aproximadamente 500 000 refugiados huyeron a países vecinos como Francia, donde muchos de ellos posteriormente serían confinados a campos de prisioneros. 15,000 republicanos españoles terminaron en los campos de concentración nazis después de 1940.

La placa del monumento en memoria a los Brigadistas noruegos que lucharon contra la dictadura de Franco, muestra un hermoso verso de la escritora noruega Ingeborg Nancy Refling Hagen que dice: «For verden ga brigaden / men den ga verden tro. / Og fylte svikets avgrunn / og la seg selv til bro. / Når verdensharpen en gang kan varsle bedre kår / senk flagget, kamerater, for brigadens kirkegård.» Foto: Radio Latin-Amerika.

La violencia selectiva y masiva

La Guerra Civil española provocó violencia política masiva de ambos lados, en el campo de batalla y en las calles de la ciudad. Los nacionalistas incluyeron monarcas ultra reaccionarios (carlistas), fascistas (falangistas), así como conservadores tradicionales, que consideraban a los partidarios de la República "ateos bolcheviques" (comunistas) que debían ser erradicados con el fin de crear una nueva España. El ejército franquista también incluyó las tropas de Marruecos. Los rebeldes describían la lucha como una "cruzada" o "guerra santa" contra una conspiración "judeo-masónica-bolchevique". Los Nacionalistas también intentaron combatir el nacionalismo vasco y catalán, considerados una amenaza a la unidad nacional.

La Guerra Civil demostró ser un caldo de cultivo para cometer atrocidades en masa, llevadas a cabo por beligerantes ansiosos por erradicar a sus oponentes ideológicos. Aproximadamente 500,000 personas perdieron la vida en este conflicto. De ellos, aproximadamente 200,000 murieron como resultado de asesinatos sistemáticos, violencia de las turbas, tortura u otras brutalidades. Los anarquistas y otros radicales con frecuencia ventilaban su ira contra el clero católico, a quien consideraban un obstáculo para las reformas importantes. Casi 7,000 sacerdotes, frailes y monjas fueron asesinados, principalmente durante los primeros meses de la revuelta. Para mayo de 1937, la mayoría de los asesinatos en masa de sacerdotes, perpetrados por izquierdistas radicales, había disminuido. Las fuerzas franquistas también asesinaron a integrantes del clero de pensamiento liberal o lealistas.

Los Nacionalistaslibraron una gu erra brutal contra los partidarios de la República. Las mujeres de la República fueron violadas o humilladas públicamente al afeitarles las cabezas. Para 1940, más de 500,000 personas fueron reunidas y enviadas a casi 60 campos de concentración. Grandes números de prisioneros fueron reclutados para realizar trabajos forzados o para combatir en el ejército de Franco o fueron juzgados por tribunales militares.

Durante la guerra, 100,000 personas fueron ejecutadas por los Nacionalistas; después de que la guerra terminó en la primavera de 1939, otras 50,000 fueron asesinadas. La Ley marcial siguió vigente en la España franquista hasta 1948 y los exrepublicanos fueron sometidos a diversas formas de discriminación y castigo.

Escueto comunicado

"Cautivo y desarmado en el día de hoy el Ejército rojo, han alcanzado las tropas Nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado".

Era el 1 de abril de 1939 y así anunciaba el general Francisco Franco el final de la Guerra Civil que comenzó en España tras un sublevamiento militar contra las autoridades republicanas el 18 de julio de 1936.

Se ponía fin a los casi tres años de contienda entre el bando republicano -apoyado por la Unión Soviética- y el bando nacional, liderado por Francisco Franco y que recibió el apoyo de la Alemania de Adolf Hitler y la Italia de Benito Mussolini.

Tras la exhumación de Franco, quien falleció en 1975, fueron epicentro de acalorados debates las familias de los desaparecidos y los de la posterior represión franquista. Ellos esperan aun poder desenterrar a sus muertos de las fosas comunes repartidas por todo el país. España sigue teniendo una deuda con los familiares.

Han pasado 81 años desde el final de esa guerra, pero muchas de sus heridas parecen aún abiertas y la deuda sigue pendiente. Generaciones de españoles no conocen bien qué ocurrió durante la Guerra Civil y el posterior régimen militar y estose debe a dos factores: por un lado, no se estudiaba, y por otro lado, el relato que se impuso fue únicamente el de los vencedores, a través de la propaganda. La verdad fue solo contada de fam iliar a familiar.

Spaniamonumentet en el parque de Birkelund, Oslo. Foto: Radio Latin-Amerika.

Con la muerte de Franco llegó la Transición. La represión franquista no se conocía bien, los hechos de la represión republicana sí se conocían ya que el régimen se encargó de mantenerlos en vida. Pero los de la represión franquista no se conocían en profundidad. Sin embargo, hoy se estudia en los colegios una "visión edulcorada" del régimen de Franco. “Los gobiernos españoles no han sido beligerantes contra el franquismo, es un problema de educación y de agallas políticas” dicen los hijos de la Memoria. Con la llegada de la democracia, se desclasifican archivos de la guerra y la posguerra y los historiadores españoles a penas han comenzado a construir un relato de lo que pasó.

A que se debe que en España existan estos temas por resolver? Se debe a que, tras la muerte de Franco y la llegada de la democracia al país, los nuevos dirigentes establecieron una especie de "pacto del olvido". Los partidos llegaron a un acuerdo en ese momento de que había que hacer un pacto del olvido, pasar página y cerrar esa carpeta. Pero claro, cerrarla en falso. Pero heridas están ahí, y las víctimas poco a poco han ido saliendo y reclamando lo que les pertenece y lo que es de justicia.

En España no hubo un acuerdo político sobre cómo gestionar el pasado y no se ha sabido qué hacer con las memorias abrumadoras de unos y no tan dolorosas de otros. Es tarea de la democracia asumir el pasado. Una democracia que intenta enfrentar la memoria de una guerra civil donde miles han sido asesinados debe garantizar que todas las memorias tengan espacio. Sin embargo, a falta de acuerdos políticos y de la puesta en marcha de un centro o museo de la memoria que recupere todo lo ocurrido, como podemos encontrar en países como Alemania, Chile o Argentina las memorias de muchas familias siguen ambulantes y enterradas en lugares conocidos o desconocidos.

“Ay de aquel pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla”