La Positividad Tóxica

Escrito por Silvia Gurrola
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A pesar de que las autoridades de salud pública de todo el mundo están actuando para contener el impacto del COVID-19, en varios puntos del planeta se mantiene un alto nivel de estrés en la población. Incluso en Noruega, el hecho de que el desempleo prácticamente se haya cuadruplicado, provoca que un importante porcentaje de la población viva con angustia y ansiedad.

El temor a una segunda ola de infecciones se suma a la posibilidad de nuevas y desafiantes realidades. Por lo tanto, para contrarrestar los efectos negativos de la pandemia, es muy importante que cuidemos tanto de nuestra salud física como mental. No obstante, el empeño por mantenernos saludables y en armonía con nuestro entorno no debe cegarnos ante una industria oportunista que promete soluciones mágicas a problemas de tipo psicológico y emocional.

Existe una vasta literatura, así como cursos presenciales o en línea basados en la ciencia y la experiencia de expertos en la salud mental que, sin duda, nos ayudan a visualizar mejor nuestras metas; a planear eficientemente nuestras acciones para perseguir aquello que realmente nos apasiona; a mantener hábitos saludables; o a ser resilientes y mantener una actitud positiva para obtener un bienestar integral. Sin embargo, convertirte en un consumidor asiduo de la industria de la autoayuda puede llegar a ser nocivo.

Es fácil engancharse a la literatura de autoayuda –la cual cuenta con el récord más alto de ventas–, a conferencias o webinars impartidos por coaches famosos o supuestos gurús que seducen con temas como: “El secreto de la felicidad”, “Decrétalo y el dinero llegará tus manos”, “Estos son los hábitos de las personas más exitosas”, etc. Hay quienes han leído libro tras libro o han invertido tiempo y dinero participando en cursos y talleres para “auto desarrollares” y, aparentemente, han conseguido un estilo de vida equilibrado pero, en realidad, sólo han aprendido a proyectar una imagen de lo que quieren que los demás vean en ellos. En su fuero interno saben que nada ha cambiado. Reconocen que siguen procrastinando, continúan obsesionados en el “¿qué dirán?”, no han dejado de ser crueles consigo mismos o no han conseguido superar la adicción a la que ya no pueden ocultar.

Los profesionales de la salud mental sabemos que no se necesita comprar cada libro, participar en cada curso o ver cada posible podcast para dar el paso que cada quien se sabe que hay que dar. Tampoco es preciso invertir tanto tiempo y vaciar monedero para asirse de la determinación y la persistencia necesaria para conseguir aquello que auténticamente se anhela.

Durante el 2019, la industria de la “autoayuda” generó ganancias de más de 13 mil millones de dólares. Sin embargo, desde antes de la pandemia, a nivel mundial ya se registraban niveles récord en problemas de salud mental. Por ello, vale la pena cuestionarnos quienes son los que en verdad salen beneficiados con la promoción de soluciones mágicas. Ello ayudará a desenmascarar a muchos de los charlatanes y oportunistas que pululan en la literatura y el Internet.

El vacío interno y la insatisfacción con respecto a nuestro propio ser son terreno fértil para la propaganda de sociedades altamente consumistas. La industria de la “autoayuda” apuesta en la falta de autoaceptación, la baja autoestima y el sentimiento de inadecuación para vaciarte los bolsillos. Seres pensantes, que aceptan de manera realista su condición y practican la gratitud no son presa fácil del mercantilismo.

Por ello, antes de adquirir o consumir más material que promete mejorar radicalmente tu vida, pregúntate: ¿Tengo que reaprender por enésima vez que es necesario escribir mis metas y priorizarlas? ¿Consumo más consejos y propuestas de solución de las que he conseguido poner en acción?

También sirve reconocer que es normal el no sentirse bien el cien por ciento del tiempo y que no hay porqué satisfacer a quienes insisten en que uno debe pensar positivamente y encontrar siempre el lado bueno de las cosas. Está científicamente comprobado que, a largo plazo, las personas realistas son más felices que las que se autoimponen ser positivas a cada momento, ya que esta imposición sólo lleva a evadir o a negar los conflictos o los eventos trágicos que son parte inherente de la vida.

Es común que las cosas que realmente valen la pena sean el resultado del esfuerzo, la renuncia, la pérdida o la consecuencia de haber salido de nuestra zona de confort. Recordarlo es cosa de sabios.

* Silvia Gurrola es pedagoga y psicoterapeuta especializada en la prevención de la violencia de género. Es autora de novelas pedagógicas y cuenta con más de 20 años de experiencia de trabajo en países como Armenia, Estados Unidos, Ghana, Georgia, Guyana, Honduras, México, Mozambique, Nigeria, Noruega, Tanzania y Zambia.

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