Yulia tiene que abandonar Oslo, sin su hijo

Escrito por Maru Sánchez
Publicado el

Nos citamos en Botanisk hage, en la puerta del lado de Munchmuseet a las 12. Llegamos casi juntas y ella con un café para cada una, perfecto para el día nublado, gris y típico del otoño en Oslo. Pregunto si quiere caminar o sentarnos bajo un techo. Yulia escoge lo segundo.

Cuando uno entra al botánico por este lado, a la derecha queda el herbario o Lids huset y el camino a la nueva Klimahuset. A la izquierda está el Jardín Aromático y más adelante la vereda al Jardín de Hierbas, que en verano es el lugar que mejor huele de todo el botánico y probablemente de todo Oslo.

Yulia y yo nos sentamos en la pérgola frente al jardín, ella no duda en entrar al tema y me dice «lo primero que quiero que se sepa es que todo lo hago por el interés de mi hijo». La charla es en inglés, más fluido para ambas y mejor para ella porque como dice »trabajo en noruego pero estoy demasiado estresada como para poder hablarlo, prefiero usar inglés para expresar bien mis sentimientos y pensamientos». Yulia también dice «quiero que mi historia se conozca porque no es fácil ser madre en un país que no es el tuyo, ni conseguir un trabajo en un idioma y con códigos culturales que no conoces, cualquiera puede caer en esa situación. Además, si no conoces la ley al dedillo y no tienes la suerte de tener quien te aconseje correctamente, puedes cometer errores que te pesarán toda la vida».

"I am no strong woman, life just put me here and I must deal with it". Yulia.

Yulia es de Rusia, San Petersburgo. Llegó aquí después de dar a luz a un niño de padre español radicado en Oslo. Se casaron pero la relación duró poco y lo natural fue quedarse aquí compartiendo la custodia del niño, en ese momento ella contaba con estancia legal en el país. Poco después venció su permiso de residencia y solicitó renovarlo como reunificación familiar. Entonces contaba con un trabajo que poco después perdió, pero como recibía apoyo del estado por ser madre soltera y por la separación, consideró que su situación económica no era grave y podía enfocarse en aprender el idioma, en fortalecerse sicológicamente y ponerse de pie otra vez. Sin embargo, al revisar su solicitud, el estado determinó que Julia era una carga para el sistema y tenía que irse. Esto para Yulia fue un choque. Nunca creyó que su determinación de arreglar su vida se convertiría en argumento en su contra, así que con ayuda de un abogado apeló a la decisión y gracias a eso pudo quedarse un tiempo más, pero esta vez es definitivo, no hay apelación. Yulia tiene que volver a Rusia el 11 de diciembre de este fatídico año. Su única opción es lograr que UNE1 reconsidere la decisión y el caso sea analizado otra vez con nueva información. Pero solo tiene ocho días para lograrlo.

Es posible que haya otra opción, pero no es su opción, dice ella. Puede llevarse a su hijo a Rusia, a vivir con la abuela, en la casa donde ella misma creció. Pero él viviría sin su padre, sin sus amigos, sin su escuela, y en un idioma que apenas conoce. «No sería vida para mi hijo, no puedo hacerle eso». La carga sicológica para el niño sería enorme y ella no se ve a sí misma tomando la decisión. Sería como arrancar una flor de la tierra y ponerla en un florero, se marchitaría, dice Yulia convencida y triste.

Yo especulo que para ella tampoco sería bueno irse. De tanto de escuchar a otras madres inmigrantes decir que la vida aquí para ellas y para los infantes es mejor que en otros países, me imagino que Yulia teme volver a Rusia, que ella quiere seguir viviendo el «sueño noruego». Cuando le expreso ésto, ella me responde muy segura: «no es mi caso, yo no temo volver a la vida que tenía antes, de hecho para mi sería mejor vivir allá, tengo un departamento y no dudo que conseguiría un buen trabajo, pero no quiero que mi hijo sufra las consecuencias de no tener una relación con su padre o conmigo». También está convencida de que Noruega es el país de su hijo y que ambas opciones, llevárselo o dejarlo aquí le afectaría de manera enorme a su estabilidad emocional. Esa es su preocupación y su único argumento. Además ella tiene una vida aquí «tengo un buen trabajo, pago impuestos, tengo excelentes colegas, soy activa en mi sindicato y tengo vida social, ¿porqué irme? Y sobre todo, mi hijo vive aquí y yo quiero que él tenga relación con su madre y con su padre también».

1 Utlendingsnemda. Instancia que maneja las quejas y apelaciones de los casos que UDI ha rechazado.

Al momento de solicitar reunificación familiar, Yulia consideró apelar a la estabilidad sicológica de su hijo para fortalecer el caso ante UDI2 , sin embargo su abogado no lo creyó necesario. Hoy su última esperanza radica en poder comprobar que quiere a su hijo, que tiene una relación y sobre todo un profundo vínculo con él, como cualquier otra madre del mundo, en cualquier parte del mundo. Para ella mantener a su familia lo más unida posible, anteponiendo la salud física y mental del niño aunque su relación personal no funcione, es razón suficiente para quedarse en el país. Pero no para las autoridades de migración.

Tampoco es razón que ella considere que él tiene una buena vida aquí. Yo no soy madre y por lo tanto me cuesta un poco entender las dinámicas familiares, así que pregunté a madres solteras de diferentes nacionalidades qué harían si estuvieran en la misma situación que Yulia. Sus respuestas fueron casi iguales: «si estuviera en su lugar en definitiva no querría irme porque soy consciente de que la vida de ambos es mejor aquí», «que todos los días a las cuatro de la tarde puedas salirte del trabajo para ir por tu hijo sin que tenga consecuencias negativas en tu contrato, es suficiente para preferir vivir en Oslo que en mi propio país; ya ni qué decir si tu hijo se enferma, o de las vacaciones». Esa fue, en general la respuesta que recibí de ellas, pero esto tampoco es motivo para las autoridades migratorias y Yulia lo sabe ahora.

Para tener argumentos más fuertes Yulia busca ayuda entre la gente que los conocen a ella y a su hijo: padres y madres de los compañeros de la escuela, su profesoras, las pedagogas del jardín de niños a donde asistió, sus colegas del trabajo y jefes. A todos les pide que escriban cartas donde mencionen que el vínculo que existe entre madre e hijo es primordial para la estabilidad de él, con la esperanza de que el interés por el bienestar del menor prevalezca por sobre la ley.

Después de leer las cartas de UDI y UNE donde se comunica la decisión a Yulia, entiendo que el hoyo por donde cayó su precaria estabilidad familiar es laboral. Cuando Yulia se separó tenía un trabajo en una empresa de limpieza, pero su empleador era «poco ortodoxo» y no mantuvo orden en los contratos y, a decir de Yulia, no era un jefe con el que uno quiere mantener una relación laboral permanenente, es decir no era un buen trabajo, pero era el único que había podido conseguir hasta ese momento. La consecuencia es que las autoridades juzgan el caso como un desacato a la ley en términos laborales: Yulia no mantuvo su trabajo durante toda su estancia en Oslo y por lo tanto no tenía, desde 2017, derecho de quedarse. De nada cuenta que a partir de 2019 tenga contrato fijo con una compañía de prestigio y pague sus impuestos, hay un agujero en su situación laboral que hace que tres años atrás haya perdido su derecho de estancia en Noruega y por lo tanto es imposible que su permiso para vivir en el país sea renovado aún apelando a la relación familiar.

Aquí no puedo evitar pensar en el caso de Mustafa Hasan, quien por un error que su madre cometió cuando él era un niño, ha sido expulsado del país sin posibilidad de apelación. ¿Será éste el futuro del hijo de Yulia?

En esas cartas también se lee «aunque el infante vive la mayor parte del tiempo con su madre y solo una tercera parte con el padre, se demuestra que éste tiene la voluntad y los medios para ser responsable por su hijo». Y continúa «UNE considera que el niño no necesita irse con su madre al país de ésta, aunque convive dos tercias de su tiempo con ella» y el resto con el padre. Además establece que el problema se soluciona porque él la puede visitar en Rusia o ella puede solicitar visa para venir a Noruega.

2 Utlendingsdirektoratet. Departamento del estado donde se manejan los asuntos relacionados con la migración, asilo político y expulsiones.

«Espero que en esta semana mi nuevo abogado logre que la decisión se revierta. Si sucede podré quedarme mientras se resuelve, pero si no, tendré que comprar un boleto de avión a San Petersburgo via Estambul para este mismo viernes». Lo único que consuela un poco a Yulia es que su hijo podría quedar en buenas manos, con su padre y la pareja de éste, «que lo quiere mucho, como si fuera su propio hijo». Pero el consuelo no es completo, Yulia no quiere separarse del niño y sabe que tampoco sería bueno para él.

Por ahora no hay nada más que Yulia me pueda contar, juntas nos dirigimos a la salida opuesta del jardín. Mientras caminamos a lo largo de un arrollo que fluye desde la fuente de más arriba, le pido que pose para una foto. El paisaje es tan gris como la mirada de Yulia.