La pobreza en Oslo tiene rostros: Gran afluencia a Fattighuset (la Casa de los Pobres) a inicios de Semana Santa

Escrito por Yanina López
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Este miércoles 31 de marzo, la fila para acceder a Fattighuset (La Casa de los pobres) era de unos 350 metros de largo. Era gente que esperaba por la distribución de alimentos por última vez antes de las vacaciones de Semana Santa.

Aumento significativo durante la pandemia

Fattighuset, que es un centro de asistencia a personas en situación precaria en Oslo, ha experimentado un aumento constante durante la pandemia. Muchas personas han perdido sus ingresos y han terminado con problemas económicos. La capital se ve particularmente afectada.

Astrid Åsbakk es voluntaria de Fattighuset. Su tarea es asegurarse de que todo salga bien y de que la gente mantenga la distancia en la cola. Para Åsbakk no era difícil reconocer a la gente y recordar los nombres de quienes acudían con regularidad al centro de asistencia, pero ha experimentado un cambio últimamente, según informa Dagbladet.

– Hay mucha gente aquí que nunca había visto antes. Cada vez que vengo, conozco a alguien nuevo, dice.

El informativo digital de NRK agrega que Åsbakk, en situación de discapacidad laboral, recibe comida de Fattighuset dos veces por semana y, además, trabaja como responsable de la cola; trabajo que se ha vuelto más exigente durante la pandemia.

– Me aseguro de que la gente mantenga la distancia. Muchos no usan mascarilla; cosa que no está bien.

La pobreza en Oslo: Colas de hasta 350 metros para obtener comida en Fattighuset. Un video de la cineasta Nadina Helen Bakos, publicado en periódicos y redes sociales, causó profunda conmoción en Noruega. Foto: pantallazo a video.

Testimonios de la gente en la cola

Dagbladet habló con algunos de los que se presentaron el miércoles por la mañana. Hay quienes han necesitado ayuda durante varios años, mientras que otros han llegado recientemente. Lo que todos tienen en común es que deben luchar para llegar a fin de mes. Ninguno de los entrevistados por Dagbladet quiso su nombre en el periódico.

Un joven sin trabajo’

– No tengo otra elección. Estoy en una situación económica difícil, así que esta es la única oportunidad que tengo para conseguir suficiente comida, dice un joven que se encuentra con los periodistas fuera de la iglesia en el sector donde se ubica Fattighuset.

Dice que ha vivido en Noruega desde 2003. Comenzó a acudir a Fattighuset hace unos dos años, cuando se quedó sin trabajo. La pandemia no ha facilitado la vuelta al trabajo.

No tiene familia en la que pueda confiar. Su economía es débil, por lo tanto, se considera completamente dependiente de la ayuda que pueda obtener para comer y salvar la vida cotidiana.

El caso de “Ginette”

"Ginette" llegó a Noruega hace tres años como au pair y ahora está estudiando para convertirse en maestra de jardín de infancia, ya que la educación adquirida en su país de origen no es reconocida aquí. Antes de la pandemia, trabajaba en servicio de limpieza junto a sus estudios, ganando lo suficiente para vivir. En el último año, la situación cambió para mal drásticamente y la economía en consecuencia. No tiene derecho a ningún tipo de apoyo como estudiante.

"Ginette" se enteró de la existencia de Fattighuset hace unas semanas y desde entonces ha aparecido tres veces a la semana para recibir una bolsa de comida. Debido a la difícil situación, la familia para la que trabajaba anteriormente le ha permitido quedarse en casa de ellos gratuitamente.

– Me han ayudado. Sé que, si les digo que mi situación es realmente muy difícil, querrán ayudarme más, pero yo no quiero. Ya me han ayudado bastante, dice.

Rune: sin trabajo y sin comida

Rune es uno de los que ha hecho fila para conseguir comida este miércoles. Durante el año pasado, trabajó en distintos rubros, desde carpintero hasta marinero, a través de una agencia de reclutamiento laboral.

– Estoy parado aquí porque debo comer durante Semana Santa y estoy arruinado, dice Rune al informativo de NRK.

Después de trabajar sólo 4 horas el último mes, no le quedó más que hacer fila frente a Fattighuset por primera vez.

– Las cosas iban bien, pero ahora tenía tan poco que solo tenía que ver qué se podía hacer.

– ¿Cómo se siente estar aquí?

– No se siente bien. Hubiera querido evitarlo, pero si es necesario, debo hacerlo y esta es una posibilidad.

Dice que el último año se ha vuelto gradualmente más difícil.

– ¿Qué opinas del futuro?

– Soy positivo. Siempre. Entonces creo que esto va a ir bien. Y al menos si tienes algo de comida en la bolsa, entonces será más fácil.

Espera que haya suficiente comida para todos

El aumento del desempleo y más despidos como resultado de la crisis que ha provocado la pandemia han resultado en un aumento de la demanda en Fattighuset.

– Ha habido algunas caras nuevas. Creo que habrá muchos más. Los que tenían trabajos pequeños y trabajos adicionales han perdido sus ingresos, dice el gerente responsable de Fattighuset, Sverre Rusten. Señala que esto último es una suposición de su parte, que ellos no preguntan a la gente por qué van a Fattighuset y espera que haya suficiente comida para todos.

– De todos modos, deberíamos tener más. Si tuviéramos suficiente comida, daríamos el doble. Nunca conseguiremos que sea lo suficiente. Espero que todos reciban al menos una bolsa, dice Rusten.

Todos los que están en la cola reciben un boleto. La comida se distribuye a partir de las 11 am.

– A los que llegan últimos se les advierte que puede que no tenga sentido quedarse aquí. Eso es lo único que podemos hacer, dice Rusten.

Notando la pandemia en el cuerpo

La Central de alimentos entrega comida a Fattighuset y a otras 130 organizaciones de beneficencia. Los alimentos que se distribuyen son alimentos excedentes que, de no repartirse, corren el riesgo de ser desechados. La pandemia de Coronavirus combinada con las vacaciones de Semana Santa hace que los días sean muy agitados.

– Ayer fue uno de los días más movidos de nuestra historia. Entregamos comida equivalente a 30.000 porciones, dice Cristiano Aubert, gerente general de la Central en Oslo.

Hay siete centros de alimentos en Noruega y se está trabajando para iniciar un octavo.

– Hemos notado la pandemia en el cuerpo a este grado. Hemos tenido un aumento increíble de demanda en 2020, con un crecimiento del 70% en abril y del 30% durante todo el año. Este crecimiento ha continuado en 2021, dice Aubert.

La semana pasada, Nadina Helen Bakos publicó un video en las redes sociales, donde la cola se extiende a lo largo de varias cuadras. La cobertura de los medios ha llevado a que más personas contribuyan con alimentos. Bakos le dice a NRK que está feliz de que los medios de comunicación estén arrojando luz sobre el tema.

Ya el miércoles por la mañana, el panorama había cambiado. Varias personas habían llegado con donaciones.

– Creo que es una pena. No puede ser que en Noruega la gente no tenga para comer, dice uno de los donantes.

A otro de ellos, que dirige un restaurante, su hijo le preguntó si podían ayudar. Antes de la hora de apertura del miércoles por la mañana, el hombre reunió a sus colegas y logró llegar con varias cajas de comida preparada poco antes de que comenzara la distribución de alimentos en Fattighuset.

La presidenta de la junta directiva de Fattighuset, Karianne Stangeland, está conmovida por la respuesta de los donantes después de la cobertura de los medios. Sin embargo, le gustaría que la generosidad se distribuyera de manera más uniforme a lo largo del año.

– Hay muchísimos que son generosos antes de Navidad y Semana Santa, pero necesitamos comida todo el año. Es triste que debamos tener una casa de pobres en la rica Noruega, pero la necesidad es enorme.

La pobreza tiene rostros

En la noticia publicada por NRK se puede leer que Fattighuset tuvo que extender su horario de apertura en dos horas para satisfacer la demanda. Durante el día, al menos 450 personas habían obtenido comida. Son 450 rostros de una pobreza que aumenta ostensiblemente en un país conocido como uno de los más ricos del mundo.

Fuentes: Dagbladet, NRK Nyheter 31 de marzo 2021